martes, 9 de octubre de 2012

El cerebro de Himmler se llama Heydrich

Heydrich también inspiró el personaje de Hans Landa en  Inglorious Basterds
Por: Noé Vázquez

Alguna vez, leyendo a Camilo José Cela me llegué a preguntar qué era aquello que definía a una novela, o bien, hasta qué punto una obra aceptaba una metamorfosis para no terminar pareciendo tratado académico, cuento, anécdota, poesía en prosa, o como quería Arreola, “varia invención”; cuáles eran las fronteras de la novela y hasta que punto podía soportar su nivel de torsión hasta quebrarse y convertirse en algo distinto. Después de todo, una novela como Mrs Caldwell habla con su hijo de Cela podía corresponder a un simple intercambio epistolar como si el autor hubiera rescatado un paquete de cartas y las hubiera puesto en orden para que el lector reconstruyera la historia de una madre obsesionada con su hijo, ¿un conjunto de cartas narrando una historia? Balzac ya lo había hecho en Memorias de dos recién casadas aunque de una manera más estructurada y señalando en las confidencias de sus personajes la trama de una historia. Quise poner como ejemplo esa novela casi olvidada de Camilo José Cela para ilustrar un poco el hecho de que a la novela como género le cabe casi todo, lo incluye todo, puede moldearse de acuerdo a las necesidades del autor, a su concepción de lo que debe ser una historia y a su estilo de narrar las cosas; también a su propio discurso personal, al discurso de los demás y a la dialéctica entre sus anhelos de narrar y darle combustible a su imaginación y a sus intenciones académicas de rigor histórico y fidelidad a los hechos.  Cervantes, quien inventó la novela moderna quiso que El Quijote no solo narrara eventos de carácter anti-épico parodiando las novelas de caballería sino que ideó un método para incluirlo todo “por el mismo precio”: crítica social y análisis literario, ensayo, biografía, cuentos intercalados, novelletas, reflexiones sobre distintos temas, poesía, y de paso, se incluyó a sí mismo como personaje (de hecho, pensándolo bien, muchas de las grandes obras de la literatura tienen al autor como uno de sus personajes) de tal forma que por momentos la obra termina por parecer un collage, claro, sin perder su esencia, sin sacrificar el estilo del autor, su unidad de expresión y el poderío de su lenguaje. Así, El Quijote es la novela crítica de la novela (tal y como lo aprendí leyendo a Carlos Fuentes), es la novela dentro de la novela, la novela que habla de sí misma y el ejercicio de lo que puede ser una obra literaria, en fin, metaliteratura. La novela del escritor francés Laurent Binet HHhH puede concebirse como una obra autoreferencial, habla de sí misma utilizando los mismos “tiempos” de la narración a la manera pequeñas digresiones cuyo valor consiste en dar la apariencia de no interrumpir el desarrollo de la trama. Laurent Binet empieza escribiendo su obra a la manera de un ensayo que trata sobre la obra que quiere escribir (y que es justamente la que estamos leyendo) así que al principio no sabemos si estamos leyendo la introducción de la…¿novela?, la novela misma, en anteproyecto de una obra enviada al editor para solicitar un adelanto o una serie de circunloquios escritos para evitar el difícil paso de entrar en el meollo del asunto (lo cual no debe extrañarnos, después de todo ¿hay alguien que todavía crea que la literatura no es una cuestión de valor?). Laurent Binet escribe un relato sobre Checoslovaquia, los checos, la ciudad de Praga y Lidice, la historia del nazismo, la Gestapo y el grupo de valientes patriotas destacados en Checoslovaquia para atentar contra la vida de Reinhard Heydrich y lo que pasó después, y de paso nos dice cómo le hizo para escribirlo y qué clase de documentación utilizó. HHhH no solo es autoreferencial sino que se desvía con frecuencia hacía lo que el autor se niega a que sea su narración, dando ejemplos de lo que no quisiera escribir; se entretiene con pasajes alternativos en donde parodia el estilo de otros escritores de novelas históricas, con frecuencia nos dice lo que le agrada y le desagrada y los adjetivos que sería incapaz de utilizar o bien, las referencias demasiadas oscuras que debe rechazar en su narración ya que le parecen de poco rigor histórico. Laurent Binet se crítica a sí mismo en los tiempos muertos de la narración. ¿Es literatura acabada en tiempo y forma? Sí. ¿Es aprendizaje literario? También lo es. El encanto de la obra radica en crearle al lector la impresión de que es testigo de su gestación; lejos de mostrar la novela ya “hecha” para el ámbito del lector y su soledad (claro, mientras el autor se ha desentendido de todo bebiendo una margarita en un camastro en alguna playa caribeña), el autor se “queda” en las páginas acompañando al lector que es testigo en “en vivo y en directo”, en “tiempo real” de la ejecución, las lecturas que alimentan constantemente el desarrollo de la escritura, la evolución en la concepción del su libro…HHhH es una obra dinámica que utiliza como un recurso más la torsión del texto sin que ello redunde en una falta de comunicación con sus lectores. Esta autorefencialidad no lo aleja de la historia que quiere contar sino que encuentra confidentes y amigos en quienes que parecen observarlo (con su anuencia) en candid camera.

La novela narra la vida de Reinhard Heydrich, conocido también como “La bestia rubia”, “el hombre más peligroso del Tercer Reich”, el “El carnicero de Praga” y del atentado que terminó con su vida por parte de dos paracaidistas enviados por el gobierno checoslovaco en el exilio desde Inglaterra, Jan Kubiš y Jozef Gabčík. Heydrich fue una los gestores de la policia secreta del régimen de Hitler, fue quien le dio forma a la Gestapo y la fusionó con la SD y la policía criminal o Krippo. Él junto con Heinrich Himmler creó una estructura represora para blindar el sistema totalitario que a través de la información, el terror, el chantaje, la represión, el asesinato y las deportaciones logró eliminar toda forma de resistencia y rebelión que hubiera acabado con el sistema tanto dentro como fuera de Alemania, de ahí el título del libro: Himmlers Hirn heisstn Heydrich (“El cerebro de Himmler se llama Heydrich”). Heydrich tuvo también dentro de su curriculum la creación de los Einstatzgruppen, o “Grupos de Operaciones” cuya misión era limpiar de judíos, elementos subversivos y razas indeseadas las ciudades y pueblos ocupados por el ejército. Tiempo después, Heydrich fue nombrado por el führer protector de Bohemia Moravia donde gobernó con mano de hierro como una especie de procónsul todopoderoso. Tanto a Heydrich, como Eichmann y Himmler son responsables de la conspiración en Wanasee donde se decidió el destino de millones de judíos que fueron asesinados en campos de concentración, después de eso se buscó una manera más eficiente de matar judíos, gasearlos con el escape de un camión (como hicieron en Chelmno) no era tan efectivo así que crearon una estructura legal, administrativa y logística que empezó a conducir trenes llenos de prisioneros a Belzec, Sobibor y Treblinka que fueron los primeros Lager masivos. Como los materiales de la historia son imperfectos y perecederos Laurent Binet nos da un esbozo de una serie de hechos defendiendo aquellos que le parece más lógicos y probables tratando de llenar las lagunas históricas sin entrar demasiado en la fantasía y la especulación. Jan Kubiš y Jozef Gabčík, que son los héroes del relato llegan a Checoslovaquia sin conocer a nadie, ahí se pondrán en contacto con miembros de la Resistencia para llevar a cabo el atentado que termina por salir mal debido a que la metralleta Sten que lleva Gabčík se atasca y tienen que proceder a poner una bomba en el Mercedes descapotable de Heydrich quien, en su soberbia, pensaba que tenía a los checos y eslovacos bajo control y por tal motivo no usaba un coche blindado. La venganza por la muerte de Heydrich (quien fallece una semana después en un hospital por septicemia) es brutal, la Gestapo sigue toda clase de pistas que no la llevan a ninguna parte, llegan incluso a destruir el pueblo de Lidice como represalia. Miles de personas mueren como venganza por la muerte de este personaje, una lección para todo un pueblo. Lidice se convierte en un símbolo de la barbarie del nazismo y pone en contra del régimen a la opinión pública internacional. Finalmente Jan Kubiš y Jozef Gabčík junto con su grupo de conspiradores son localizados escondidos en la cripta de una iglesia donde son rodeados y asediados por setecientos SS. Terminan por suicidarse para no entregarse a sus enemigos. La Historia también puede sonreir con risa macabra: lo cierto es que la muerte de Heydrich sirvió para muy poco y solo consiguió que muchas personas inocentes fueran ejecutadas antes de que localizaran a los verdaderos culpables.

jueves, 13 de septiembre de 2012

Sombras sobre el Hudson

ISAAK BASHEVIS
En portada: Cananeos en Babilonia, al fondo, la  Torre de Babel.
 
Por: Noé Vázquez

La virgen en el pozo, la mulita, las huellas eternas sobre la arcilla, el pie fósil de la virgen hundido en al barro milenario; la virgencita llevó a abrevar la mula mientras huía hacia Egipto. “Mira el pie de la virgen María –me decía mi madre -- ¿Ves qué fino? Pero ¿qué hacía la Virgen, habitante de alguna aldea de Medio Oriente, perteneciente a una tribu allende el mar  justo ahí en mi pueblo? En alguna roca del cerro de algún lugar apartado de Oaxaca también habitaron los cananeos, los semitas. De otra manera, cómo explicar la influencia cultural de los judíos, de cuyo pueblo, entre otras cosas, surgió la imaginería cristiana como una antigua superstición (una apostasía marginal que deviene en un culto universal, engrandecido, envilecido): con sus santos, sus rituales, sus virgencitas que se teletransportan de algún lugar de Judea para llevar a su mulita a abrevar en alguna comunidad oaxaqueña.


Esta anécdota de mi infancia me hace pensar que la cultura judeo-cristiana me define incluso mejor que la cultura precolombina, me es difícil sustraerme a esa inercia cultural tan plagada de símbolos. Todo esto viene a cuento porque pienso que al trasladar ciertos códigos de una cultura a otra éstos adoptan nuevas significaciones, perduran en la imaginación de otras personas en un ejercicio de sincretismo, así por ejemplo, Judas pudo haber sido un nombre común cualquiera en otros tiempos, como llamarse Alí o Juan, pero la tradición cristiana hace que se convierta en sinónimo de traidor. En México le llamán “Judas” a los policías judiciales (-- “Abusado eh, esos son ‘judas’), es decir, casi el sinónimo de un cuerpo policiaco que ha adquirido fama no precisamente por su honradez y escrúpulos. Así, el pueblo mexicano tiene el dudoso honor de padecer de un ejercito de traidores a la ley que hacen la función de policías. Podría decirse que cada mexicano dispone de su propio Judas Iscariote en su sistema de justicia y al mexicano lo hicieron arisco y cínico a fuerza de abusos, sistemas de tortura y toda clase de cohechos a los que fue sometido, dignos de una república bananera (es decir, la nación latinoamericana que usted guste y  mande). Un refrán popular dice que “la mula no era arisca, la hicieron arista a palos” (a menos claro está que se trate de la mulita de la Virgen) y no es extraño padecer de cierto cinismo con nuestros tratos con la ley a quien vemos como la contraparte de otra mafia: la del crimen organizado, de quien no nos cuidamos menos de tal forma que terminamos por no confiar en nadie, no vaya a ser la de malas. Y qué decir de los judíos. En un malentendido  histórico se les acusa de ser responsables de la crucifixión de Cristo (aún en estos días, en aquel pueblo de Oaxaca donde crecí se nos hablaba de los judíos como culpables, ellos eran los Otros, los que son distintos a nosotros), de sacrificar niños para mezclar su sangre con el pan ázimo, de envenenar los pozos, de profanar la hostia consagrada, de llevar cuernos y hacer rituales satánicos, o de haber organizado una conspiración expresada en el Protocolo de los Sabios de Sión, la lista de injurias y malos entendidos bastaría para escribir un tratado. La conspiración y la invención de chivos expiatorios es expresada muy bien en la novela de Umberto Eco, Cementerio de Praga la cual narra en una forma ficcional la manera en la que pudo haberse tramado la idea de una conspiración judaica para dominar al mundo a través del poderío financiero y las sociedades secretas; hay que recordar también el caso Dreyfus que dividió a la sociedad francesa y “sacó del closet” el antisemitismo de un gran sector de la población. Umberto Eco parte de la literatura decimonónica para demostrarnos que la realidad también puede copiar a la literatura, particularmente, a las obras de Eugenio Sue. Y por cierto, ¿acaso la palabra judío no se parece a Judas? Bueno, eso se explica porque Judas es una variación de Judah, que era una de las doce tribus de Israel, aunque la palabra judío viene por Judea que es una región habitada por distintas tribus semíticas (entre ellas, los árabes). Hablar de los judíos nunca es fácil ya que se presta a ambigüedades, se dice que son un pueblo y al mismo tiempo no lo son; que son una religión sin serlo; que son una raza aunque no siempre sea así; que se ubican en un territorio y al mismo tiempo son cosmopolitas; que son una etnia con sus excepciones (hay judío blancos y negros). La relación de Europa con los judíos siempre ha sido compleja, es un tema que levanta ámpulas y reproches históricos, así como un gran sentimiento de culpa por el sufrimiento de este pueblo que llegó a un punto cercano al exterminio de su cultura por parte del antisemitismo racial de los nazis. Casi borrados del mapa europeo, poco a poco los judíos han ido recuperando parte de su cultura perdida por los progroms, las deportaciones y las campañas de exterminio en los Lager polacos y rusos. Parte de lo que estuvo a punto de perderse fue la lengua yidish el cual es una especie de crisol lingüístico hecho de palabras hebreas mezcladas con palabras cuyo origen está en los distintos países en donde han habitado los judíos. El yidish “narra” en su vocabulario, giros y expresiones la historia de un pueblo que emigra constantemente y se ve forzado a aprender costumbres y lenguajes locales para encontrar un medio de asimilación y al mismo tiempo una forma tenaz de conservación de su identidad cultural. El yidish tiene influencias del alemán alto y lengua hebrea-aramea, palabras eslavas y de origen romance. Hablar idish o yidish es hablar judío, que es el idioma de una diáspora constante y milenaria. Fue hasta bien entrado el siglo XIX que el yidish como lengua escrita adquirió el status de gran literatura secular y es que, para muchos judíos habitantes de Europa Central el yidish solo era una parte del universo lingüístico con el que tenían que lidiar. Por poner como ejemplo a Kafka, la ciudad de Praga, en la que le tocó vivir tenían influencia prusiana por lo que los judíos del ghetto hablaban yidish en la vida privada, al ir a sus respectivos trabajos en la metrópoli usaban el checo y al alemán y es que Praga era un encrucijada de distintas fuentes étnicas como la alemana, el judaísmo, la checa y el mundo austriaco. Kafka tiene la opción de ser un escritor en lengua alemana en el mismo nivel en el que pudo ser un escritor en checo o idish. La mayoría de las lenguas en su corpus lingüístico, su gramática, su sintaxis, su vocabulario y sus expresiones forman una especie de “epopeya de Gilgamesh” en el que su uso constante y navegaciones arduas le van aportando contenido cuando son heredadas de generación en generación, hablantes sucesivos agregan algo que, si es una hallazgo valioso, se conserva; si no lo es, entonces es desechado. Cuando el gobierno totalitario de los nazis llegó a la conclusión que era necesario eliminar toda la raza judía los trenes que salían de distintas partes de Europa hacia los Lager en Polonia donde la cultura judaica empezó a desaparecer en los hornos, ese humo que empezó a elevarse en los cielos europeos llevaba consigo esta lengua que estaba tan imbricada en la cultura judaica que, según nos narra Primo Levi en Trilogía de Auschwitz había personas que no podían entender que un judío-italiano no practicante como él no pudiera hacerse entender en este idioma. El yidish también fue una de tantas lenguas de los campos, pudo ser la lengua de la rebelión y los motines, el de la última plegaria en la que se le levantaría un proceso a su propio dios y el lenguaje privado de los prisioneros que ya no pudieron nombrar la realidad de los campos de concentración porque a veces el horror no puede describirse en ninguna lengua. Luego de la Shoah, una nueva migración se presenta para los judíos europeos: Isaak Bashevis Singer nos narra la vida los judíos en Estados Unidos a través de su novela Sombras sobre el Hudson: la tortura mental de los que sobrevivieron al Holocausto trasplantada a un nuevo mundo en donde no harán nada distinto a lo que han hecho a lo largo de los siglos. Los eventos de la guerra ponen a los personajes de Bashevis Singer a cuestionar sus propios valores morales y a confrontar a las distintas generaciones. Todo conflicto generacional parece un diálogo de sordos, un intercambio de monólogos. Por un lado estaba la generación de la guerra que no lograba superar el trauma de la misma y por otra parte, una generación nueva que mira hacia adelante y es más desprejuiciada y adaptada a la nueva nación en la que viven. Singer nos habla sobre la manera en que este pueblo pierde gradualmente sus tradiciones con la intención de poder asimilarse así como el enfrentamiento entre los judíos ortodoxos, los jasídicos y los reformistas; creyentes y no creyentes así como tantos agnósticos trasladan sus debates constantes a otros niveles. En las páginas de Bashevis Singer continúa el diálogo de los judíos con su propio dios. Sus personajes son variados, van desde los místicos, los cínicos, los aventureros, los histriónicos, los trotamundos, los que prefieron atesorar bienes económicos. En ese afán ambicioso y totalizador de novela de Bashevis Singer el abanico de personajes le dan movimiento a la trama y vamos conociendo distintos aspectos de los personajes, sus justificaciones, sus pecados, sus secretos, sus gustos, sus fobias. Tal vez I.B. Singer se parezca al resto de los escritores de ascendencia judía como Phillip Roth, Primo Levi o Saul Bellow al hablar sobre los distintos conflictos entre el pueblo judío y la gentilidad que los rodea pero también creo que la novela es un excelente medio para conocer el milagro de la existencia ajena, la novela es un antídoto contra los males de la intolerancia racial y nos previene contra el choque cultural proveniente de convivencia entre distintas culturas. Sombras sobre el Hudson apareció por entregas en Der Forvets, el diario neoyorkino en lengua yiddish. De la mano de I.B. Singer el yidish tuvo una especie de resurección en un ámbito mucho más cómodo y propicio. Esta lengua que trajo toda una tradición europea de conceptos también tuvo exponentes como Shólem Abrámovich quien redescubrió la importancia de esta lengua y en 1864 empezó a escribir cuentos que llegaron a muchas personas que hablaban esta lengua popular y muchas veces desdeñada por los gramáticos, otros escritores que también contribuyeron a la difusión de la misma fueron Shólem Aléijem autor del famoso Violinista en el tejado, I.L. Peretz, Shólem Ash.
    Un Nobel otorga cierto prestigio y éste le fue concedido a I.B. Singer, el único autor premiado en esta lengua que, según él, "es la que más palabras tiene para definir a un pobre". Libros como los de Isaac Bashevis Singer detienen el choque cultural que anticipamos cuando los términos de una lengua entran en un contexto nuevo y empieza una serie de malos entendidos como aquel donde los judíos son aquella nación culpable condenada a vagar para siempre para expiar sus pecados milenarios y ser testigos de la llegada de un Mesías que ellos mismos no logran reconocer. Cuando esto suceda tal vez dejemos de asociar a nuestra policía judicial con un Judas o un grupo de traidores y asesinos.

martes, 21 de agosto de 2012

Las correcciones



Por: Noé Vázquez


Las correcciones de Jonathan Franzen fue el primer éxito de este autor estadounidense, fue el libro que le dio la fama y los premios, además de una cantidad millonaria de ejemplares vendidos. Luego de publicar obras como Ciudad Veintisiete y Movimiento Fuerte, este libro fue su obra más notoria luego de nueve años de silencio y apareció en el 2001, muy cerca del 11-S, hecho que derivó en una atención internacional, muchos dicen que indebida. Se trata de una obra que ha dado mucho de que hablar y que llegó en un momento de crisis, de replanteamiento de valores, de temor y confrontación; así mismo su importancia radica en la valoracion de los críticos que vieron en ella a “la primera gran novela americana del siglo XXI” así como ecos de Balzac, Dostoievsky y hasta Charles Dickens. A mi me recuerda un poco, por tratarse de una saga familiar, a American Pastoral de Phillip Roth y muchos encuentran a la familia Lambert tan memorable en su impacto al lector como la familia Buddenbrook, de la novela de Thomas Mann. Las correcciones pone a Franzen justo en el ojo del huracán al ser evento literario de iniciaba un nuevo siglo. La sorpresa de los lectores y la crítca ante esta obra fue que, sin importar la omnipresencia de los medios masivos de comuniación y el reinado de Internet que ya estaba muy caliente para aquel entonces, demostraba que todavía se podían escribir grandes novelas, grandes en el sentido de calidad literaria, volumen de páginas e impacto sobre los lectores.


Una percepción que tengo de los personajes de Jonathan Franzen es que éstos consideran cada uno de sus actos como esbozos de un cuadro que poco a poco van completando a lo largo de sus vidas, un cuadro imperfecto sobre el que vuelven constantemente defendiendo su causa y aprovechando sus lecciones aprendidas. Tal vez el caso de Chip Lambert sea más significativo, Chip es el hermano mediano de la familia y el más intelectual, los otros son: Gary, el primogénito y Denise, la menor, quien, luego de tener éxito como chef en un restaurante de comida gourmet (llegando al punto de ser una celebridad) termina por perder su empleo al tener una relación lésbica con la esposa de su jefe. Por su parte Chip es un profesor universitario que parece no haber encontrado un lugar en la vida, su conducta lo lleva a ser despedido de la universidad donde imparte una cátedra luego de ser descubierto que tenía un amorío con una de sus estudiantes. Su conducta desestructurada lo lleva a embarcarse en proyectos de dudosa legalidad: Gitanas, un político y funcionario lituano de alto nivel, luego de enterarse de que Chip tiene conocimientos de lingüistica y filología inglesa, lo invita a su país para diseñar páginas web falsas que convenzan a posibles inversionistas a llevar sus capitales al país. Se trata de un proyecto de dudosa legalidad (aunque muy lucrativo) del cual no informa a su familia. Desde siempre, Chip sostiene un malentendido con sus padres: ellos creen que trabaja para el Wall Street Journal cuando en realidad se trata del Warren Street Journal, una revista de literatura underground. Chip también posee el manuscrito de un guión cinematográfico que espera vender cuando se presente la oportunidad. Cada evento en su vida le da un pretexto para corregir ese manuscrito de nunca acabar. Estas constantes correccciones son un símbolo de una vida que busca enmendarse, replantearse constantemente. Los otros personajes de Jonathan Franzen como los padres de Chip, Enid y Alfred y su hermanos Denise y Gary forman el retrato de una típica familia disfuncional estadounidense. La dureza de una novela así radica en la forma de plantear la crítica de una sociedad que valora por encima de muchas cosas el éxito económico. Sus descripciones abundan en detalles como su moral sexual, la cultura de las drogas y el consumismo necesario y conspicuo que tiene el ciudadano promedio estadounidense.

Quizá los personajes más conmovedores de la novela sean la pareja de ancianos padres de la familia Lambert: Alfred y Enid, la imagen que se nos presenta de Alfred puede la ser la del adulto mayor promedio: un muñeco descompuesto que se la acabó la cuerda y sortea las aguas del sistema de seguridad social con las pocas energías vitales que le quedan mientras enfrenta el mal de Parkinson, los efectos secundarios de los medicamentos, el olvido, la mente confusa y la incontinencia urinaria. Alfred es un ex ingeniero de una compañía ferroviaria cuya empresa fue absorbida por otra; faltando seis semas para su jubilación pide su retiro con lo cual deja de tener derecho a la pensión; este es un hecho que constantemente le es reprochado por su hijo Gary, quien es funcionario de alto nivel en una compañía de correduría. Gary también le reprocha a su anciano padre el hecho absurdo de que éste hubiera aceptado una limosna de cinco mil dólares por el uso de una patente suya por parte de una gigantesca corporación que pretente, curiosamente, ser una opción ambiciosa y prometedora que podría en un futuro curar enfermedades como el Mal de Parkinson. Este hecho indigna a Gary quien busca a toca costa una forma de revancha contra esta compañía: la petición de un paquete de acciones o la inclusión de su padre entre el un grupo de enfermos en quienes se va a experimentar con este tratamiento.

En sus afanes de manipulación Gary busca controlar la vida de sus padres, sus intenciones son buenas pero su propia familia parece salir de su control, sus hijos son caprichosos y mal educados y su esposa lo manipula constantemente con dolores imaginarios. Tal vez el entorno familiar de Gary refleje con mayor precisión un estilo de vida de consumo impuesto por una mercadotecnia agresiva y la invasión de la vida privada de los medios masivos de comunicación y los abusos del Internet. Franzen no duda en mostrar una sociedad que se regodea en el desperdicio y el consumo, una sociedad muchas veces narcotizada con televisión satelital y artilugios tecnológicos. No nos confundamos, no creo que Franzen sea como aquellos abuelos que, sentados cómodamente en su sillón señalan los nuevos tiempos con la etiqueta de “decadentes”, eso sería la parte fácil. Muchos caen en esa zona de confort: el señalamiento constante de que otros tiempos fueron mejores y que esta sociedad está en franco retroceso (el ideal de que la sociedad es “decadente” está tan imbricado en nosotros que resulta sano revisar el concepto de manera crítica y preguntarnos si todas las sociedades de todos los tiempos también tuvieron esa percepción).

La madre de los Lambert, Enid, es el marcado arquetipo de la abuela que solo busca poder reunir a su familia para el día de Navidad. Como si se tratara de un leit motiv, Enid hace los preparativos para tener a la familia reunida. Da la impresión de que todo el argumento de la novela parece suspirar una pregunta sigilosa: ¿Podrán los Lambert reunirse para las fiestas de Navidad? En un principio esto podría sonar hasta cursi (tomando en cuenta que lo cursi es lo sublime fallido) pero aquí radica en meollo del asunto, el gran tema de la novela: cada Navidad vivida es un corte de caja personal y particular, de reflexión, planes, reivindicación, revisión. La motivación de cada personaje tiene flechas hacia varias direcciones, puede ser su pasado, sus esperanzas, las posibilidades no valoradas adecuadamente, las errores que hay que enmendar, la culpa que nos lleva a la sobrecompensación con nuestros seres queridos o los nuevos errores y aprendizajes por venir. Un borrón y cuenta nueva y una esperanza de correción. Los Lambert viven en St. Jude, en algún estado del Medio Oeste estadounidense el nombre de la ciudad nos permite suponer que les es familiar la iconografía católica: en este caso, San Judas, patrono de las causas posibles/imposibles: ¿Podrá salir Chip a tiempo de Lituania para estar con la familia para la cena navideña? Con todas las posibilidades en contra, una revolución incipiente en Lituania, un caos total en el país, un aeropuerto que ha cancelado todos sus vuelos y luego de haber sido asaltado por un grupo de “policias” rufianes (o unos rufianes vestidos de policia) Chip Lambert, como su madre Enid, buscará al león del país de Narnia, Aslan, en algún lugar del Medio Oeste norteamericano

Franzen retrata con realismo la humanidad de sus personajes, los ubica en una circunstancia actual sin ignorar el abismo generacional que separa a padres, hijos y nietos. Novela de la reinvindicación de sus personajes que vuelven sobre sus fallas, sus decisiones y sus errores pasados como tratando de mejorar el esbozo primario. El caracter ambicioso de la novela lleva a Franzen a abundar sobre sus personajes girando lentamente en las aristas de un poliedro psicológico que lo lleva a dotar a cada uno de secretos que poco a poco va develando a través de reminiscencias o flash backs como si se tratara de un prestidigitador que de repente saca un as de la manga mostrando una faceta no conocida de determinado personaje. 

sábado, 28 de julio de 2012

Ceniza de Tagore. El arte como reinvención del mundo

Por: Noé Vázquez.

Para Gilberta Villegas, por haber llegado y también por haberse quedado.


Mientras Juan Ramón Jimenez contemplaba las olas tremolantes tuvo una revelación: la espuma marina se había convertido en "la ceniza de Tagore". Para Juan Ramón, Tagore se había unido en "ceniza al mundo por medio del mar". De saberlo, el poeta indio hubiera encontrado una feliz explicación de sus ideas respecto al arte en una metáfora creada por el poeta español. Para Tagore, el arte es un fenómeno exclusivo de la personalidad, el cual "dibuja lo externo sólo en la relación que tiene con nosotros mismos", su elemento subjetivo es esencial, imprescindible. El artista puede unirse al mundo a través de la sensibilidad de los demás, su comunión con nosotros es perenne. Que la espuma marina sea la ceniza de Tagore los explica el hecho de que todo arte está dotado de su propia lógica. Para la interioridad de un artista las estrellas pueden ser sempiternas muy a pesar de lo que digan los astrónomos.

Tagore nunca dio una definición del arte pero intentó rastrear sus orígenes: "el hombre posee un fondo de energía emotiva que no es del todo indispensable para su conservación. Éste sobrante busca salida a través de las creación de arte".

El arte es un juego a ir más allá de los límites fijados por lo convencional y jugar sólo es propio de animales superiores. Jugamos a él porque poseemos el excedente físico y emocional para hacerlo. Desde los orígenes hemos buscado dominar la naturaleza y satisfacer nuestras necesidades inmediatas: derrotamos a la Bestia y después la dibujamos en las paredes de la caverna: representamos. Al calor de la hoguera re-creamos un instante pasado y, si queremos, lo mistificamos. El arte aborda la reinvención del mundo, crea una realidad alterna, subvierte el orden positivo y concreto de la realidad (a decir de Herbert Marcuse), nace de lo real y realiza una metamorfosis en la criba de la imaginación poética (no olvidemos que poesía viene la poiesis, que es construcción, edificación), realiza la objetivación de la sensibilidad del creador, trastoca los elementos formales de la realidad o los coloca en un plano distinto, imaginado; a través del arte se entabla un diálogo entre las ideas y las formas; consigna lo existente pero también nos otorga lo "ajeno", lo "otro": la llama mínima y singular que forma el estilo del artista, la comprensión unitaria e individual y solo parcialmente compartida con un lenguaje (siempre imperfecto) y los códigos existentes al momentos del creación; el jardín secreto y vedado, solo entrevisto, que forma el trasfondo poético de las cosas, ese reverso que mas que responder, interroga; aquello que es preciso y urgente trasplantar al mundo para romper el tedio de una realidad formal, de ahí el carácter subversivo y revolucionario del arte.

El arte es una interpretación de la realidad, una realidad imaginada. Preguntas al aire: ¿Quién puede contra la imaginación? ¿Qué recursos tenemos en su contra?

El arte, y en lo particular el arte literario nace de un impulso del espíritu, es la expresión de un dinamismo que que engendra vidas paralelas a la nuestra. Un espectador de los fenómenos literarios sabe que dormir es indeseable en un mundo que se celebra a sí mismo saturándose de universos alternos. Los artistas (esos fabricantes de realidades fabulosas) crean en el lector una soledad ruidosa. Somos inducidos a soñar despiertos. Sabemos que nuestras vidas también son un río consagrado a una memoria que crece por eso no debe extrañarnos que en algún punto de nuestros recuerdos Jean Valjean siga huyendo del inspector Javert; no nos asustemos de que alguien busque un lugar apacible para reunirse a solas con los personajes de La guerra y la paz, esos viejos conocidos; o bien, consideremos parte de lo normal que uno de estos días Aliosha Karamazov toque a nuestras puertas y reclame aquello que Rafael Alberti llamaba "honores de vida".

Se dice que una vez un médico le sugirió a Honoré de Balzac que se prepara para morir ya que le quedaban pocos días de vida, a lo que el genial escritor respondió: "Llamen a Bianchon, él me salvará". Ésto podría ser una escena normal entre un moribundo y su médico si no fuera porque el citado Bianchon no existe ni existió, es un personaje creado por Balzac para su conjunto de obras La comedia humana. También a Óscar Wilde le daba por situar su realidad en otra parte: en una ocasión, al encontrarse con un amigo que acababa de ver morir a su padre y se lamenta en su duelo, Wilde le respondió: "Todo eso está bien...pero volvamos a  la realidad...hablemos de Eugenia Grandet". Volvamos a la realidad nosotros también. Representar a través del arte nos es imprescindible, el espíritu humano "respira" a través de creaciones propias y ajenas en un deseo común de alucinar, lo que a veces nos lleva a ver el arte como parte de la vida y viceversa, o bien, llegar a confundirlos, disolver las fronteras entre lo uno y lo otro.

Rabindranath Tagore afirmaba que todo arte emana de la personalidad, de los singular y lo particular, de lo concreto que solo es posible hallar en la mente del individuo y nunca en manos de una abstracción, llámese Estado o Corporación, es por eso que los esquemas impuestos para la creación nunca llegar a hacer verdadero arte, esto lo ilustra el fracaso de movimientos como el del realismo socialista o la literatura inspirada sólo en elementos funcionales u operacionales. Óscar Wilde aseguraba que todo arte es completamente inútil y Vladimir Nábokov les decía a sus alumnos que la fantasía sólo es fértil cuando es fútil. Es arte por el arte mismo, no como un medio enaltecedor sino como un fin en sí mismo: el encuentro con la emoción estética. Rodeo, periplo sobre nuestra existencia en donde hacemos a un lado la mezquindad, nos olvidamos de los  apetitos inmediatos y perfilamos las características de una utopía no necesariamente funcional. Regresemos a Tagore: "el hombre personal puede vivir en cierto reducto en donde está por encima de lo ventajoso y de lo útil". Esto también lo sabían los filósofos de los "Upanishads": "La literatura es goce y todo goce es desinteresado".

Si Óscar Wilde sentenciaba que es al espectador y no a la vida a quien revela el arte, Nábokov hizo eco de esta afirmación al decir en sus cátedras: "de todos los personajes que crea el artista los mejores son los lectores". Henry Miller, quien supo fundir la literatura con su propia vida sabía que todo creador busca cómplices en sus espectadores, el arte sólo puede realizarse a través de las sensibilidades ajenas: "no es la actuación de un solista; es una sinfonía en la oscuridad con millones de participantes y millones de oyentes". Sólo en la interioridad del lector o espectador es donde la creación puede realizarse, tomar su forma definitiva.

Balzac estaba consciente de la inmortalidad que puede darse a través de la creación: las obras de arte son acciones humanas en la muerte. El artista se sabe transitorio. La vida, a decir de Tomas Segovia, es el sitio "que hay que abandonar a toda costa", es por eso que se hacen obras que puedan convertirse en un diálogo con lo intemporal. Las creaciones humanas son un tentativa de poblar el infinito, de ponerle trampas a la muerte. En el arte literario palabras de fuego y hielo formas las frases adecuadas para la eternidad, por ello el verdadero arte siempre es actual, en la literatura los hechos representados continúan aconteciendo, forman un temporalidad artificiosa que sólo transcurre en términos del creador.

Es común que el artista busque que sus creaciones formen parte del bagaje cultural de las generaciones posteriores, su obra siempre buscará ser parte del espíritu humano. Novalis lo de ve esta manera: "Todo artista es absolutamente trascendental".

jueves, 26 de julio de 2012

Sobre “Los hijos de la medianoche”

Hijos de la medianoche

Por Noé Vázquez

Salman Rushdie, quien se definió alguna vez como “an hybrid creature, an invisible man” es un escritor itinerante y perseguido, protegido por la Scotland Yard desde hace varios años, famoso tal vez injustamente por la fatwa promulgada alguna vez por al ayatollah Jomeini. Son sus obras (las que revelan un arte y lo ocultan a él, precisamente) las que le han permitido superar el estereotipo del escritor víctima de los fundamentalismos para mostrarlo como lo que es: un gran novelista, un artífice que juega con sendas estelas de memoria e imaginación, un narrador que muestra en sus obras una facultad provocadora y contestataria, una reacción contra las falacias sostenidas por gobiernos y estructuras sociales inhumanas y radicalismos religiosos e ideológicos.

Desde febrero de 1989, año del pronunciamiento de la fatwa Salman Rushdie pasó al centro del debate sobro la libertad de expresión tanto en el Occidente como en Medio Oriente con su novela Los versos satánicos (1988), una sátira que parece decirnos que a veces la historia del pensamiento religioso puede ser una discrepancia entre lo flexible y lo inflexible; la duda, que puede llevarnos a los cuestionamientos y la negociación y la fe ciega que es propia de los radicalismos; un divagar entre lo absoluto que no admite réplica y lo relativo que busca un punto de equilibrio. En este caso, un pacto entre lo terrenal y lo divino. Al fantasear sobre los mecanismos de la fe religiosa este autor iconoclasta decide poner el dedo en la llaga de los planteamientos religiosos del Islam y provocar un sacudimiento dentro de las raíces morales de ésta religión. Su actitud es comprensible, el llamado “diablo del Islam” se atrevió a hacer cuestionamientos con herramientas propias de la fantasía para llamar la atención sobre el fenómeno de la intolerancia religiosa. Ya lo decía Maurice Blanchot: “La literatura no es un simple engaño, sino el peligroso poder de ir hacia lo que Es a través de la infinita multiplicidad de lo imaginario”.

Los hijos de la medianoche (1980) es un libro que revela a un Salman Rushdie capaz de hacer una lectura social de su país natal (nació en Bombay en 1947) y un recuento de hechos que le han dado la fisionomía actual a La India. Si como dijo Octavio Paz “la historia tiene la realidad atroz de una pesadilla”, a esa urdimbre de errores y fatalidades nuestro autor responde con un venganza de la fantasía contra la tiranía de los hechos. Circular por sus páginas es inmiscuirse en una red de teléfonos descompuestos en donde la imaginación se abre paso por los caminos clausurados por las verdades oficiales, la cancelación de la historia y la manipulación de la información. Ahí, donde está el recuadro negro que censura una página radica el campo de pruebas del escritor, su laboratorio de juegos pirotécnicos; esa maquinaria de representación que es el ejercicio literario que, a falta de información convincente y exceso de rumores y filtraciones de datos de divulgación no autorizada, decide crear sus propias verdades como si la Literatura y la Historia compitieran en un certamen internacional de falacias. No creer en la información que divulgan las plutocracias puede suponer la creación del rumor, el cual, para Salman Rushdie, muchas veces es más que convincente.

Los hijos de la medianoche muestra una realidad cuya complejidad puede abatirnos: La India, con más de mil doscientos millones de habitantes a la fecha y contando, con una pluralidad lingüistica y religiosa capaz de dar a escalofríos a cualquiera (aunque se llame Salman Rushdie). A través de uno de sus personajes, Saleem Sinai busca apurar de un sorbo (o una lectura) esa serie de problemáticas que forman un país, entenderlo, mostrarlo en sus distintas aristas. Como el personaje Zufiya Zenobia de otra de sus novela Vergüenza, Saleem Sinai es un personaje-espejo, es decir, refleja su circunstancia, en este caso, lo multitudinario de su entorno; se convierte en vértice de eventos, agente divulgador de la Historia, catalizador de conflictos, conciencia personal sobre la que desfilan los sucesos de una nación. Podría decirse que el personaje “es” la historia de La India y nace en el momento justo de su independencia: la medianoche del 12 de septiembre de 1947.

Como en Cristobal Nonato de Carlos Fuentes donde el personaje principal se encuentra irremediablemente fundido a su “ser” universal, el conjunto de paradigmas que serán parte de la formación de Saleem Sinai lo definen y lo nombran; el personaje y el país nevegan en una cosmogonía paralela, no se comprenden el uno sin el otro. Se logra un equillibrio de enfoques entre una conciencia individual que es caja de resonancia de un despliegue sísmico de eventos que lo afectan y un devenir histórico capaz de ser influenciado por el personaje aun con actos mínimos como si tratara de un “efecto mariposa”. Si en Cristobal Nonato se persigue el origen de una persona a través de un árbol genealógico cultural e intelectual, en la novela de Rushdie Saleem Sinai desdobla su carga de culpas y responsabilidades en los mass media y los titulares de los periódicos. Él lo expresa de la siguiente manera:

…para comprender una vida, tienes que tragarte al mundo.

Porque nuestra realidad se vuelve inasible y el peso de los hechos nos disminuye y nos convierte en cifras; porque los acontecimientos adoptan la forma de vegetación expansiva y cada vez es más difícil sustraerse a ellos, estamos engarzados a la Historia. Somos hijos del tiempo. Así lo interpreta nuestro personaje:

De hecho, por toda la nueva India, de ese sueño que todos compartíamos, estaban naciendo hijos que sólo parcialmente eran hijos de sus padres, los hijos de la medianoche eran también hijos de su tiempo: engendrados por la Historia.

Puede ocurrir. Especialmente en un país que es por sí mismo una especie de sueño.

En un escenario en donde conviven personajes reales e imaginarios, sucesos políticos, movimientos sociales, golpes y autogolpes de Estado, guerras, genocidio, manifestaciones, luchas étnicas y religiosas, conflictos lingüisticos, secesiones, sobrepoblación, “multitudes hormigueantes”; Saleem Sinai concibe su propia vida como una posibilidad de transmigración extenuante; un acto de amor que lo lleva a fundirse con los demás, a ponerse en lugar del otro. Desde su nacimiento se revela ese juego de correspondencias a través de lo que el autor llama “conexión activo-metafórico” (es decir, un acto que es efectivo y relevante y al mismo tiempo posee apariencia de llevarse a cabo en sentido figurado”). Verbigratia: al momento de nacer, Saleem Sinai recibe un telegrama de Jawarharlal Nehru:

“Querido bebé Saleem (…) Seguiremos tu vida con la mayor atención; será, en cierto modo, el espejo de la nuestra”.

Nadie se lo imagina pero (en sentido positivo y metafórico), así sucede. Por otra parte, cada acto del personaje tiene un enorme peso como se ve en el capítulo “Movimientos realizados por pimenteros (1958)”: el personaje confiesa su responsabilidad en un golpe de estado en Pakistán:

…el general Zulfikar describía los movimientos de las tropas; yo movía simbólicamente pimenteros mientras él hablaba. Dominado por el modo de conexión activo-metafórico, desplazaba saleros y cuencos.

…con el destino de la nación en mis manos, desplazaba condimentos y cubiertos.

Los hijos de la medianoche se ha lee en La India como si fuera un libro de Historia, no me extraña, la literatura sabe poner las cosas enfrente y a partir de ahí empezar a llamarlas por su nombre. Entre la vaguedad de la fantasía del autor o la imaginación popular y la pretendida concreción de los portavoces de las verdades oficiales, los lectores le apuestan a la disolución en lo fantástico que no necesariamente entraña el olvido sino la búsqueda de sus propias verdades en medio de la desinformación y el caos. Una sola frase parece resumir esa actitud:

…en esta guerra se tiraron bombas reales e imaginarias.

Los hijos de la medianoche no sólo fueron los niños nacidos aquel inolvidable 12 de septiembre de 1947 sino también los demonios con los que tendrían que vivir:

La medianoche tiene muchos hijos; la descendencia de la independencia no fue toda humana. Violencia, corrupción, pobreza, generales, caos, codicia, pimenteros…Tuve que ir al exilio para aprender que los hijos de la medianoche eran más variados de lo que yo  –incluso yo— había soñado.

martes, 24 de julio de 2012

Y en nuestro espejo: Alicia

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Por: Noé Vázquez.

Nada más opuesto a la disciplina victoriana que ese afán, absurdo si se quiere, de vagar, romper una brújula o seguir un impulso ilógico, sin sentido, de periplos sin ningún tipo de fin o fondo sustancial. Alicia perseguirá al conejo blanco hasta conocer el fondo de ese precipicio onírico por el que habrán de atreverse los lectores de las generaciones siguientes que verán en la obra The Adventures of Alice in Wonderland y sus secuelas un camino soterrado pero liberador donde un túnel horizontal puede ser trastocado en un pozo vertical solo para enseñarnos que también es posible traspasar la apariencias y ver el trasfondo de las cosas ¿Qué está arriba y qué está abajo?. Nada es lo que parece. Un gato no es un gato, es una sonrisa burlona, llena de sorna que desaparece en la bruma dejándonos atónitos y helados por la curiosidad de un mundo subterráneo donde es posible trastocar la lógica conocida; un segundo es una eternidad, una eternidad es un segundo como si se tratara de un viaje ácido; una distancia larga está a la vuelta de la esquina y dejan de tener sentido las nociones de forma y tamaño; no es preciso llegar a un lugar en concreto porque cualquier lugar es importante, necesario; no hay direcciones definidas ni destinos porque, en una de esas, ya hemos llegado; las apariencias se corrompen para sorprender nuestro entendimiento demasiado estructurado por la lógica racional, la moral, las buenas costumbres, las prohibiciones sistemáticas y constantes que nos atan; cosas que Alicia y nosotros aprendemos en la casa y la escuela. En su interminable caída en este pozo sin fondo Alicia piensa en lo aprendido: ¿Será necesario olvidarlo nuevamente? Después de todo, estamos lejos de la reina Victoria y sus nobles, hemos escapado de los tutores autoritarios y del rostro agrio de nuestros aburridos maestros, rectos como una vara, verticales y puritanos. El fondo del túnel no nos llevará a las Antípodas, eso sería muy sobrio, propio de gente demasiado despierta; mejor decir, con nuestra mejor y absurda glosolalia que llegamos a las “antipáticas” donde Alicia se encoje o se desborda haciendo de las nociones espacio-temporales una vil convención aritmética entre dos correctos caballeros de pipa y guante. 

No perdamos nuestra “muchosidad” tal y como nos aconseja alguno de sus personajes, estamos tras el espejo de la geometría euclidiana; tal vez las aventuras de Alicia prefiguren un orden nuevo en donde ciertas nociones convencionales habrán de cambiar: saben que me refiero a la relatividad de Einstein, otro niño como Alicia, quien con la su lentitud característica tardo mucho tiempo en dejar de pensar en términos de tiempo y espacio y en esa brújula loca que insistía en fijarse siempre en el mismo punto como si fuera atraída por una fuerza misteriosa. Al soñar, nuestras brújulas, relojes y posicionadores GPS terminan por desvariar y nos conducen al mismo mundo de Alicia donde una reina loca insiste en decapitar a diestra y siniestra con cualquier pretexto, por menor que sea; o bien, participar en carreras circulares sin duración o reglas definidas en donde todos son ganadores. A todo lo gobierna una necesidad un tanto vana y al mismo tiempo necesaria de jugar dentro de una incertidumbre sin visos de solución aparente porque el sueño se desplaza siempre sin ningún equipaje lógico o moral, sin ningun ordenamiento coherente. Arriba sobre el adoquinado y las candilejas de gas impera un orden estricto del que es necesario escapar, un mundo lleno de deberes y responsabilidades con un estratificación social inflexible, sin espacio para la espontaneidad y que condena la libertad y el libre pensamiento, la risa loca y el divertimento. Este fue el mundo que vio nacer a Charles Lutwidge Dodgson quien tuvo una excelente educación hasta que según se dice, ésta fue interrumpida por el colegio. A lo largo de su vida se interesó por temas tan dispares como el ideal de belleza en la fotografía, la geometría, las paradojas y toda forma de matemática recreativa. The Adventures of Alice in Wonderland habría de ser un libro para niños, es decir, para todo ser humano capaz participar en juegos. Los diálogos y aforismos de la obra darán de que hablar hasta nuestros días; sus construcciones verbales desafían la razón, son un reto para el sentido común y rescatan la visión del paraíso perdido de nuestra infancia donde es posible convivir con seres fantásticos y darnos, a nosotros mismo buenos consejos a pesar de que rara vez podamos seguirlos; o bien, fantasear con la idea de que es posible pintar las rosas con un pincel o divagar sobre comparaciones extralógicas: “¿En que se parece un cuervo a un escritorio”… La vitalidad de una obra así radica en situarse como un signo de interrogación y aludir a la perplejidad y el asombro del lector quien ve con agrado la destrucción de los muros de un reino represor y convencional, el destronamiento necesario de todo rey o reina decapitante. En el constante fluir de sucesos de este reino de las maravillas se adivina el susurro discreto de nuestra conciencia libre, pero soterrada; la corriente constante de nuestra pensamiento sin restricciones. Esta vez la “sonrisa sin el gato Cheshire” no será de sorna sino de complicidad.

sábado, 23 de junio de 2012

Alekzander Solzhenitsyn o la persistencia del espíritu

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Por: Noé Vázquez
“Una detención es un tránsito impresionante, un cambio que nos transpone de un estado a otro. La larga y sinuosa calle de la vida nos llevaba, a veces con paso alegre y otras veces en un sombrío vagar, a lo largo de unas vallas, vallas y más vallas, cercas de hierro, tapias de cemento, de ladrillo, de adobes o de madera podrida. No nos parábamos a pensar qué podía haber detrás de ellas. No intentábamos elevar la mirada ni el pensamiento hacia el otro lado.
Pero allí, precisamente, justo a nuestro lado, a dos metros comenzaba el país del GULAG.”
Alekzander Solzhenitsyn. Archipiélago Gulag.
Uno de las temas que predomina en la obra de Alekzander Solzhenitsyn es el interés por el dolor de un pueblo reprimido por los controles estatales y el espionaje, por un sistema capaz de denigrar al individuo para convertirlo en una mera función mecánica. La Rusia soviética llevó al límite la degradación de los valores individuales y pervirtió a tal punto la libre manifestación de la singularidad que tenía que llegar un momento en que entrara en crisis, lo otro hubiera sido su destrucción completa. El universo antinatural de la Unión Soviética condujo a un esquema carcelario que acusó, torturó, procesó y recluyó a millones de personas; otras muchas tuvieron destinos inciertos, desaparecieron, fueron ejecutadas por un pelotón de fusilamiento, acabaron en campos de concentración o fueron enviadas a lugares remotos en con una libertad relativa que podría parecernos una forma de muerte social. Si hay mucho dolor en la obra de Solzhenitsyn, también existe el valor ético del autor por denunciarlo constantemente, su valor va más allá de una simple declaración de principios y manifiestos, hablo de una labor sistemática en la clandestinidad para denunciar un régimen político y económico que coartaba las libertades individuales subordinandolas al esquema de un proyecto de ingeniería social. El espíritu humano es libre, no sabe de proyectos quinquenales y presupuestos, éste no sabe de la función supuestamente social y el engagement del escritor orgánico, mucha de la narrativa pudo reflejar esto, algunos escritores buscaron la manera de manifestarlo. La gran mayoría de los escritores rusos ahogaron sus ideas y conceptos en nombre de este proyecto, se volvieron intelectuales orgánicos; otros negociaron sus contenidos para pasar la censura, otros eran abiertamente contestatarios, creo que Solzhenitsyn era de los últimos, su imprudencia necesaria lo humanizaba, en nombre de sus ideas se arriesgaba a las acusaciones de ser enemigo del pueblo, a la expatriación, su manera de vivir lo hacía políticamente incorrecto dentro de un régimen que sólo pedía obediencia y sumisión y nunca crítica. Solzhenitsyn se hace escritor para denunciar a su gobierno y encumbrar al hombre insignificante que lo sufre. Luego de que el autor fuera encarcelado en 1945 después de ciertas críticas al régimen y condenado a ocho años de trabajos forzados tuvo contacto directo con las historias de cientos de personas que padecían los rigores del régimen; como novelista e intelectual tuvo la capacidad de representación y análisis, así como de investigación, lo cual lo convirtió, para los occidentales, en símbolo de la libertad de expresión. Testigo de su tiempo, pudo acumular cifras y datos del régimen estalinista que serían vertidos en muchas de sus obras, una de ellas, la más notoria Archipiélago Gulag, libro repudiado por algunos, calificado de calumniante y difamatorio principalmente por los grupos conservadores de aquel entonces (1973), el autor ofrece datos de fusilamientos, sistemas de tortura, cifras de arrestos masivos, informes sobre muertes por inanición; hace una descripción pormenorizada de todo el proceso que va desde la detención hasta la deportación o el exilio interior o exterior, pasando por el interrogatorio, la tortura física y psicológica, los visos kafkianos de un mundo de horror y de locura, de una realidad estúpida, absurda, sorda, incomprensible, injusta, inverosimil. Por medio de Archipiélago Gulag Occidente se dió cuenta de que el Infierno se había instalado aquí en la tierra durante del régimen de Stalin.
Los intelectuales de izquierda de Occidente que normalmente eran condescendientes con el único estado obrero del planeta tuvieron que redefinir sus valores, fue como un balde agua fría para sus creencias, de repente, aquellos que defendían el respeto a los derechos humanos en Occidente y al mismo tiempo se encandilaban por los fuegos artificiales del sistema soviético entraron en contradicción. El ibro de Solzhenitsyn deja saber que la maquinaria procesal del régimen permitía juzgar a las personas incluso por el curso de sus pensamientos no expresados, bastaba una sospecha para que la KGB (1953-1991), la Checa (1917-1922) o la NKVD (1934-1943) tocaran a tu puerta. La mitad de la población espiaba a la otra mitad, ambas mitades sufrían la incertidumbre de no saber si sería hoy el día en que la policía secreta tocaría a sus puertas, mientras tanto, era necesario obedecer y no meterse en los asuntos de los demás. El escritor vuelve presente las voces de víctimas y victimarios, pide disculpas por aquellos que están más allá de los 227 nombres propios, “por no saberlo todo, por no intuirlo todo”. En su exhaustiva labor de investigación persigue el destino final de los presos políticos, su último paradero antes de que la Historia sea borrada definitivamente. Solzhenitsyn se pregunta a sí mismo porqué no fue posible la insurrección a tiempo.
Casi toda la obra de Solzhenitsyn gira en torno a la vida del zekk (preso), una vida hecha de resignación por una existencia que tuvo que suspenderse antes de tiempo, hecha de anhelos humildes, otras veces, con dejos de ironía y una esperanza callada por cumplir deseos sencillos. Si, como quiere Shakespeare, el mundo es un escenario, los personajes de este cautiverio parecen representar el papel fantasmas, gusanos arrastrándose hacia el más leve atisbo de luz. La Unión Soviética era una sociedad encarcelada. Desde el exilio, Nábokov los llama un “país de esclavos”. Pero no nos engañemos pensando en el zekk como un personaje sin relieve y arquetípico, todos ellos parecen decirnos que más allá de la humillación todavía existe el espíritu, que sólo espera el momento adecuado para emerger. Más allá de la cancelación de sus derechos y sus bienes materiales el reo necesita la persistencia de su propia singularidad ante la certeza de que lo ha perdido todo. El zekk descubre e inventa nuevas formas de libertad, busca intersticios para expresarse y mantener su integridad, incluso puede llegar a ser irónico y altivo, sabe que no tiene nada que perder. El conjunto de la obra de Solzhenitsyn bien podría llamarse “la persistencia del espíritu”.
La Unión Soviética nunca asumió la valoración de Solzhenitsyn en Occidente, reacios a la crítica, dejaron que el prestigio de Solzhenitsyn pasara desapercibido, se le ignoró a un nivel oficial. En 1970 se le concede el Premio Nobel de Literatura “por la fuerza ética que ha rescatado las tradiciones indispensables de la literatura rusa”, un reconocimiento al valor de levantar la voz. Si Dostoievsky nos enseña que el ser humano es irreductible, que al intentar encuadrarlo en un esquema llegamos al punto en que todo empieza a fallar, rompe todo sistema que busque encasillarno, Solzhenitsyn nos muestra que es posible la libertad y la individualidad por encima de los mecanismos que pretendan cancelarlas, no importa cuántas veces cortemos las alas del espíritu, habrá un día en que encontrarán la manera de crecer. Sus personajes, fatal e irremediablemente engarzados en la historia, nos enseñan el valor de persistir a toda costa, de conservar la última llama enmedio del ventarrón que se cierne sobre ellos. “Ellos perduraron”, nos hubiera dicho William Faulkner.

miércoles, 20 de junio de 2012

Al Este del Edén


Por: Noé Vázquez.

John Seinbeck nos habla del paisaje como una metáfora agreste de la condición humana, nos habla de sus personajes como una referencia salvaje del paisaje y nos habla de sus eventos con una crudeza llana, directa y descarnada. Sus paisajes están en Connecticut con la familia Trask, y en California en el valle de Salinas, con la familia Hamilton; a partir de estas dos inicia una saga familiar que se extiende desde la Guerra Civil estadounidense hasta principios del siglo XX. Sus personajes son inmigrantes, recién llegados, gente que tiene que luchar con los elementos: la sequía, las carencias del medio, el clima contra el que hay que luchar con fuerza bruta una veces y con mucho ingenio otras tantas. A esta gran novela no escapan ciertos elementos nostálgicos que hablan del sabor del pasado cuando (a decir de cualquier anciano fumador de pipa que se balancea en una mecedora): "otros eran los hombres, otros los valores, otros los tiempos, que fueron mejores". Como escritor norteamericano Steinbeck supo reflejar un mundo en ebullición, casi recién creado (aquí la referencia bíblica es inevitable: En Al Este del Edén, uno de sus personajes se llama Adán y no van a faltar a lo lardo de la novela frutos prohibidos y manzanas de las discordias) donde se resalta la influencia del pastor, la congregación religiosa a la que todos asisten una vez por semana o la escuela dominical de las comunidades protestantes y católicas. Se respira en esta saga la sensación de inminencia de algo, de eventos que están por presentarse, sus personajes miran al futuro con anhelo: "Ya vendrá, ya vendrá..." Sus personajes se parecen a los de Faulkner, subsisten a pesar de todo, parecen insignificantes y no lo son. Unos esconden virtudes con una modestia silenciosa y estoica; a otros, las distancias alucinantes del país los obligan al vértigo de un vagabundeo constante; otros (como el personaje de Cathy Ames) son epítomes de la maldad y la monstruosidad. La intuición de escritor y poeta de Steinbeck (no olvidemos que las grandes novelas nacen de una fórmula poética) lo hizo entender desde un principio la esencia de la conquista del Oeste norteamericano y el ideal colectivo de "frontera", la necesidad de poblar los espacios, de imbuirles un "ser" social y espiritual que es el principio de la colonización de nuevas tierras. Steinbeck explora muy bien las percepciones del "newcomer" o recién llegado y la necesidad incesante de no dejarse vencer por las circunstancias. Steinbeck se convierte en un representante del "realismo social" estadounidense que, de vez en cuando tiene despertares cinematográficos, uno de ellos la malograda Heaven's Gate de Michael Cimino. Una saga familiar como esta lo acerca a escritores como Thomas Mann (Los Buddenbrook); aunque no tendría reservas en decir que obras como Pastoral Americana de Phillip Roth tienen algo de Steinbeck por el hecho de hablar de historias familiares aunque Steinbeck tenga más en común con escritores como T. Dreiser y E. Caldwell. Cabe decir que admiraba el trabajo Hemingway en sus cuentos cortos y toda la obra de William Faulkner, quien creó la saga Yoknapatawpha, una serie de novelas entrelazadas de forma balzaciana, con vasos comunicantes y continuidad entre ellas, lo que las convierte en otro fresco social de la vida estadounidense, en particular de la zona del Mississippi.
 
robert-capa1                                                                           Foto: Robert Capa
 Dorothea Lange                                                                     Foto: Dorothea Lange
PHE2009_Lange_18                                                        Foto: Dorothea Lange
 
John Steinbeck nació en Salinas, California; esta circunstancia nos hace pensar que Al Este del Edén, tiene algo de la propia infancia del autor y, por lo tanto la vuelvan una novela más "personal" aunque quizás debamos preguntarnos qué no obra no lo es. No debería extrañarnos que Steinbeck hubiera conocido, en su vagabundeo constante y en los múltiples trabajos que realizó a lo largo de su juventud, personajes como el chino Lee (quien, a pesar de sus estudios universitarios prefería los afanes, no exentos de cierto poder, de un sirviente); o bien, como el inventivo Samuel Hamilton, un inmigrante irlandés con un sentido del humor a toda prueba. La obra de Steinbeck alude y se sustenta en un sentimiento profundamente moral, hablo de la moral estadounidense que valora lo sagrado del trabajo duro por encima de muchas cosas y la palabra empeñada como una garantía casi de fuerza legal; la moral protestante y calvinista que no tiene reparos en considerar el beneficio económico como una señal de bendición y predestinación, o bien, la necesidad de una existencia austera y simple que vaya sin ningún tipo de lujos y redundancias. Esta moralidad muchas veces la deposita en personajes femeninos como el de Liza, la esposa de Samuel Hamilton o en la primera señora Trask.
 
Los grandes escritores como Steinbeck son poetas sociales, su condición los vuelve más notorios que, por ejemplo, un académico que hiciera estudios sobre la vida estadounidense y sólo fuera conocido por sus colegas y un grupo de lectores especializados. En este sentido, es más cercano a las personas comunes y corrientes, tiene la misma importancia que el músico popular o el héroe local. Steinbeck supo retratar la realidad estadounidense con su grandeza y su miseria pesadillesca en obras como Las uvas de la ira, o De hombres y ratones. Para Steinbeck, el deber principal del escritor era declarar y celebrar la capacidad de grandeza de los seres humanos, la gallardía de sus combates cotidianos, su coraje, su compasión y su amor. Pensaba que todo escritor debía creer en la perfectibilidad del ser humano, de otra manera, éste no podía tener cabida en el mundo literario. 

miércoles, 13 de junio de 2012

Todos los nombres

Reseñado por Noé Vázquez
saramago6                                                                    El autor en su biblioteca
Es cierto que Saramago escribe novelas; también es cierto que son obras notables; una sensación que tengo a leer los libros de Saramago es que son fábulas largas y noveladas, ¿qué es una fábula sino una historia con una tendencia moralizante? Pero nada ni nadie me hará decir que Saramago apunta con dedo flamígero a sus enemigos ideológicos o condenda de manera visceral la maldad y perversión de la condición del mundo. Cada uno de sus libros aporta una historia que pretende poner en crisis ciertos conceptos y personajes, deconstruirlos, desarmarlos, plantearles una construcción distinta, someterlos a un estado de shock que revelaría otra naturaleza; su literatura es un laboratorio de experimentación en donde se combinan situaciones que aparentan querer demostrar una tesis, hecho que muchas veces contradice la estética novelística que sólo busca “mostrar” el mundo.
 
En su novela Todos los nombres, el personaje principal, Don José, es un empleado menor de la Conservaduría General del Registro Civil, lugar donde se registran todas la partidas de nacimiento, matrimonio y defunción de la ciudad, su trabajo es monótono y sin importancia; por sus manos pasan las fichas de todas la personas, vivas y muertas. Sus manos barajan nombres y más nombres, a su soledad la acompañan las indiscreciones de las personas registradas ahí, conoce sus datos, enfermedades, casamientos. Don José vive justo al lado de la Conservaduría, en un pequeño departamento donde vive solitario y se entretiene con viejos recortes de periódicos y revistas que forman un fichero alterno al que tiene en la Conservaduría, se trata parafernalia de personajes famosos, su soledad la llena con datos de personalidades. Como don José vive al justo al lado de Conservaduría tiene una puerta que comunica, desde el interior del edificio, su casa con su lugar de trabajo, sitio este que más bien parece un laberinto de archivos y registros en los que es posible perderse, particularmente la zona posterior del edificio que contiene los archivos de las defunciones por lo que es preciso utilizar un "hilo de Ariadna" para no perder la ruta de regreso. Don José tiene un trabajo monótono y estupidizante, de alguna manera se nos da a entender que su libertad individual es coartada por la rutina, que su ímpetu vital ha sido postergado por las obligaciones diarias y el sometimiento a un horario de trabajo, los deberes con sus jefes, las responsabilidades; todo ello terminará por hartarlo, hay algo en su cabeza que súbitamente hace "click" cuando ve la partida de matrimonio de una mujer de treinta y tantos años, esto le muestra el revés de su existencia. Don José decide emprender la búsqueda de esta mujer a partir de su nombre y ciertos datos simples y fríos.
 
¿Qué es un nombre después de todo? Un garabato sin sentido, otras veces, una sucesión de símbolos oscuros escritos en una lengua muerta (¿y si los datos de las personas que no conocemos sean parte de una semántica ignorada?); parece ser que un nombre únicamente es una estructura de alambre, la fachada en papel cascarón de una iglesia gótica que nadie pudo concretar debidamente en marmol, la piel crujiente y abandonada que una serpiente dejó como un cascarón que nos hablaría de lo que fue en el pasado. Para que un nombre tenga humanidad hay que salir a buscarlo. ¿Qué nos mueve a buscar a una mujer a partir de un sólo nombre? Don José sale a buscar a la dueña de ese nombre para insuflarle contenido, sangre a sus venas, calor corporal; que este nombre posea humanidad: su personalidad, sus historias, sus dramas…

Don José recuperará su humanidad poco a poco al ir transgrediendo las normas de su trabajo, la formalidad rigurosa de su condición burocrática, la cual es constantemente parodiada por el autor en los diálogos que tiene el Curador General con sus Subdirectores y Jefes de la Oficina. Al pesonaje lo rodea una serie de patrones rígidos de comportamiento que unas veces esconden y otras veces limitan las manifestaciones de su verdadera identidad. El personaje sufrirá gradualmente ciertos cambios pero a los ojos de los demás seguirá siendo el mismo empleado insignificante y taciturno, el mismo burócrata estoico y conformista, un operario subalterno en el último lugar del organigrama, pero no sabrán quien es. No conocen los demás la puerta ahora clausurada que comunica su vivienda con su trabajo, y una noche, don José decide robar la partida de nacimiento de la mujer desconocida cuya existencia le obsesiona. El solo acto de cruzar la puerta de noche desde sus habitaciones a la oficina del registro civil ya supone un parteaguas, serán el principio de una cadena de actos de transgresión. Don José falsifica una orden de averiguación y un carnet de identificación y haciéndose pasar por un inspector del registro civil empieza a hacer indagaciones que lo llevan con la madrina de la mujer misteriosa a quien interroga para conocer la historia personal de esta mujer que le obsesiona. Sus averiguaciones lo conducen cada vez más a cruzar los límites de lo correcto y lo legal al grado de entrar de noche como un fascineroso a la escuela donde esta mujer alguna vez estudió para robar sus fichas de identidad y boletas de calificaciones. Ya en su casa se enferma pero el Curador General decide visitarlo y cuidar de sus salud enviándole un médico. Esto intriga a don José, se toman demasiadas molestias para ayudarlo, el Curador General parece vigilarlo y al mismo tiempo lo protege, le permite quedarse en su casa mientras se recupera. Luego de recuperarse don José continúa con sus indagaciones, sabe a qué escuela fue la mujer que busca. Un día viendo una partida de defunción se encuentra con la sorpresa de que la mujer que busca ha fallecido, al principio no lo cree pero se presenta en casa de los padres de ésta para averiguar más detalles sobre esto. Nuevamente falsifica un documento y un carnet de identidad para presentarse con el pretexto de una comisión del Registro Civil para indagar la causa de la muerte de su hija. A don José le cuentan que ella era casada y que su muerte fue suicidio. Afirman que no tenía motivos para hacer esto, era divorciada pero nunca mostró señas particulares de infelicidad.
 
Las enseñanzas de Saramago nos dicen que somos más que nombres, partidas de nacimiento y números de identificación. Don José me recuerda a otro oscuro oficinista, un empleado de nombre Josef K. unas veces, y otras, sencillamente "K" o alguno de los trasuntos de Franz Kafka expresados en algunos relatos en circunscritos en un mundo monótono y demasiado jerarquizado en donde se percibe un peso tremendo sobre los individuos que los obliga a callar y a reprimirse.
 
Al robar los archivos don José se conduce con una moral transgresora, es fiel a sus anhelos, a la ensoñación hacia el milagro de la existencia ajena; donde otros buscarán la impersonalidad y la asepsia en el trato humano don José buscará una nueva creencia sin temor a tropezar con ella, sin temor a que el proceso de construirla poco a poco, esta existencia termine disolviéndose y dejando nada más que los residuos secos de un recuerdo.

sábado, 19 de mayo de 2012

El mar, el mar. Una novela oceánica de Iris Murdoch

Por Noé Vázquez

Charles Arrowby es un actor y director teatral que ha decidido dejar las tablas, los escenarios y la fama para refugiarse en una casa rústica en cierto lugar en la playa en la costa de Shruff End. En su vida como ermitaño los recuerdos lo acosan pero está decidido a encontrar la serenidad  y la paz mental acompañado del compás de las aguas oceánicas, su brillo y sus colores cambiantes a lo largo del día, el sol en su nacimiento y declinar en ciertos crepúsculos que acompañan a nuestro personaje en sus caminatas diarias por la playa. Charles quiere que su vida se vuelva contemplativa, tal vez disfrutar de los placeres sencillos como la pesca, cocinar alguno de sus platillos de cuatro minutos, degustar algún buen vino en la paz de esta zona alejada, nadar desnudo en esos atardeceres solitarios, dar unos paseos por el hotel cercano, pasar al bar y saludar a los parroquianos que invariablemente lo ven como un extraño y con frecuencia se burlan de él.

85iris_art                                                     Iris Murdoch también inspiró la cinta Iris 
                                                                       
    Charles poco a poco descubre que tal aislamiento resulta cada vez más difícil ya que en esas zonas apartadas el chismorreo es constante y más si se trata de una figura televisiva y una celebridad como lo es él. Los pensamientos de Charles son retrospectivos, ha llegado a una edad en la que se pueda hacer un balance acerca de una vida vivida: lo acompaña el recuerdo de sus padres y su negativa a que él se convirtiera en actor, la eterna rivalidad con uno de sus primos caracterizado por ser un joven de mucho talento, la grata memoria de su padre, un hombre bueno y trabajador que no tenía conflictos con nadie y el perenne recuerdo de su primer amor: Mary Hartley quien era su compañera de aula y con quien hacía paseos en bicicleta, los recuerdos de un paraíso perdido.

     Al hacer una recapitulación de su vida Charles recuerda a las mujeres que ha abandonado o lo han abandonado como Clement, Lizzie y Rosina. Charles conserva el recuerdo de su primer amor, Hartley, como él la llama y piensa que es la única mujer a quien realmente ha querido, sueña con frecuencia con ella y espera volver a encontrarla algún día luego de que, hace varias décadas ella decidió dejarlo para desaparecer de la faz de la Tierra.
    A este solitario refugio en la playa poco a poco van llegando ciertas visitas inesperadas, como Gilbert, un antiguo amigo gay quien ahora vive con Lizzie, o Rosina, una compañera actriz que resulta una mujer dominante que quiere compartir su vida con Charles, en este sitio es donde descubre con asombro lo cerca que puede estar volver a encontrarse con Hartley...

     El mar, el mar  es heredera del ritmo proustiano donde ciertas imágenes provocan la iluminación en mente del narrador y se agolpa el espesor del recuerdo donde éste nos lleva a la recapitulación y a la reflexión. Nuestras propias vidas ya son fuente de sabiduría y pasado cierto tiempo nuestras experiencias se antojan océnicas. Cada hombre habita sus recuerdos como un edificio donde la memoria tiene atajos, escondrijos, sinuosidades, que nos hacen beber de la fuente de una experiencia revelada nuevamente, una agua ya bebida que por momentos se antoja nueva. Charles Arrowby es víctima de las trampas de propia memoria, se agolpan en él los fantasmas de lo que no fue y pudo haber sido: un amor perdido para siempre, la insatisfacción de una vida, la búsqueda del retorno de una felicidad deseada. Al encontrarse con Hartley, Charles decide secuestrarla y la lleva a vivir a su casa sin darse cuenta que no puede forzar la voluntad de una mujer que ya no lo ama. Esto lo lleva a una aprendizaje tardío de ciertas verdades: hay que ver hacía adelante sin importar el trecho que nos quede y el peso terrible de nuestros recuerdos. La novela de Murdoch incluye sugestiones un tanto góticas y también ciertos elementos sobrenaturales que destacan sobre la tensión dramática de los personajes.

    El mar es una metáfora, es la paz en su rumor nocturno de coros de gaviotas y bufidos de buques a lo lejos y es un agolparse de olas insistentes sobre la arena como un vaivén obsesivo, los temas recurrentes de nuestra memoria, nuestras obsesiones que ya no nos abandonan y una esperanza constante que nunca acaba de rendirse, que nunca pide tregua, como el mar castigando, de  la noche al amanecer, las playas. 

En torno a Lolita

Por Noé Vázquez.

 

lolitas_tapas                                                  Diversas portadas de la novela

Vladimir Nabokov plantea sus novelas como un ajedrecista. Esto podría ser un lugar común pero también es una certeza que constantemente reforzamos quienes lo leemos. Un autor ajedrecista que también colecciona mariposas. Este es otro tópico. Es conocida la afición de Nabokov por estos insectos. Ajedrez moral lleno de paradojas y conflictos irresolubles; mariposas, mujeres fascinantes, cambiantes; la impostura, la tentanción y el desvarío susurrándonos al oído la promesa de una felicidad y una problemática apenas audible, apenas perceptible. Como toda gran novela, Lolita (1955) escapa a las clasificaciones tradicionales que buscan poner tras cercos de definición una obra que escapa los convencionalismos. La novela de Nabokov aborda la ruptura de un tabú mediante un despliegue verbal cuya florituras del lenguaje martillean la cabeza del lector, Nabokov, como todo gran autor es un medium de las fantasías masculinas no reveladas por la mojigatería estadounidense. El autor, que empezó a escribir en ruso encuentra en el inglés la abundancia de un vocabulario que sería nuevo para él y de cuyas sugestiones parece estar fascinado y nos fascina como si se tratara de un hechicero. Todos conocemos las primeras frases de la novela que reproduzco aquí:

 

Lolita, light of my life, fire of my loins. My sin, my soul. Lo-lee-ta: the tip of the tongue taking a trip of three steps down the palate to tap, at there, on the teeth. Lo. Lee. Ta.

She was Lo, plain Lo, in the morning, tanding four feet ten in one sock. She was Lola in slacks. She was Dolly at school. She was Dolores on the dotted line. But in my arms she was always Lolita.



Lolita
no es simplemente una obra erótica y se apresura a ponerse a salvo de esa definición escandalosa para las damas de copete alto y dentadura postiza dándonos al final la visión de un amor encontrado pero que escapa a los grilletes de esas clasificaciones. Es melodrama, es historia, es crítica social, es erotismo, es amor, es una gran novela donde el autor como entomologista que es consuma un análisis psicológico en donde sus personajes se dejan llevar por sus deseos ocultos que irreflexivamente los conduce a lo trágico. La obra no cesa mostrar la actualidad de un tema a veces provocador y a veces incómodo: los sentimientos de deseo y seducción hacia una nínfula de uniforme escolar.


Un tema considerado tabú, escondido del punto de vista, fuera del ámbito de la discusión tradicional, soterrado en los anhelos apenas insunuados de muchos hombres maduros: el deseo hacia una mujer más joven que plantea problemáticas que pueden ser religiosas, morales o legales. Nabokov escribió un antecedente de lo que más tarde sería Lolita mientras se encontraba en París como un ruso exilliado escribiendo con un seudónimo, el nombre de la novela era El hechicero y ya planteba algunos temas que más tarde desarrollaría con un mayor aliente poético y narrativo en Lolita. Esta vez, Vladimir Nabokov exploraría temas como la mogigatería y la doble moral estadounidense con su consumo conspicuo y sus costumbres. Para un europeo como Nabokov debió serle muy novedoso el estilo de vida americano; pudo sentir una relación de amor y odio hacía este país que, con su abundancia y oportunidades, le abría las puertas; pudo sentirse seducido por su geografía o arquitectura. Esta seducción no tan abiertamente confesada se conserva como crítica en el desarrollo de la trama de la novela, se nota que hay cosas que no le gustan de Estados Unidos y al mismo tiempo se siente deslumbrado. En Lolita, se plantean distintos planos en los recovecos del deseo en las personas, la manera de caer en tentaciones, de seducir y dejarse seducir.


En el argumento Humbert Humbert, un traductor y profesor de literatura se hospeda en la casa de Charlotte, una viuda solitaria que tiene una hija de nombre Dolores Haze. Humbert encuentra en Dolores un objeto de deseo, un aliento a su frivolidad. La suerte está de su lado, Charlotte muere atropellada luego de salir a la calle completamente alterada después de ver cartas de Humbert donde confiesa su deso por Lolita. Este hecho logra que Humbert se convierta en tutor de Dolores, quien tiene doce años. Humbert Humbert y Lolita recorren los Estados Unidos como padre e hija aunque se entiende que tras la puerta de los distintos moteles donde se hospedan a lo largo de su trayecto, son amantes.

Nabokov pertenecía a una familia rusa aristocrática que tuvo que emigrar a Europa luego de la Revolución Bolchevique, siempre manifestó su desagrado por el comunismo que le quitó todo lo que tenía, despreciaba el psicolanálisis al grado de ver a Freud como un "medico brujo de Viena"; tuvo que dejar de escribir en su lengua materna y logró atípicamente destacar en una lengua extranjera que no reconocía como suya, el inglés (algo semejante sucede con Joseph Conrad quien, siendo polaco adoptó el inglés para escribir sus obras); sus novelas son muchas veces cortas e ingeniosas pero Lolita le dió el dinero y la celebridad que otras obras suyas le negaron. Lolita triunfa y como novela se convierte en objeto de deseo debido a la censura en Estados Unidos que consideraba la obra como inmoral. Es por esta razón que las ediciones europeas del libro en inglés eran guardadas celosamente por los turistas americanos que venían de regreso de Francia. Basta prohibir algo para generar la codicia de poseerlo puede ser un libro, una mujer, una nínfula.


Las problemáticas morales ni deben ni pueden resolverse como si fueramos ajedrecistas entomólogos, por eso Humbert debió perder la partida desde un principio, sacudir el tablero y escapar de un deseo que a la postre sería destructivo para ambos: Humbert muere de trombosis en la cárcel después de escribir sus memorias (que Nabokov afirma haber rescatado) y Lolita muere al dar a luz a un niño muerto; alas secas de mariposas que fueron fascinantes alguna vez y que ahora el viento mece con indiferencia en una tarde fría.

viernes, 18 de mayo de 2012

2012. Año de Alan Turing.

En torno a Alan Turing y una manzana
Por: Noé Vázquez 
Prohibido comer de este fruto: es la revelación, la ciencia, el conocimiento, la expulsión, la muerte. Las Escrituras hablan de un fruto pero no dicen cual. La imaginación popular quiere que sea una manzana, lo cierto es que trata de un símbolo, ¿de qué?,  ¿de la prudencia?, ¿de conocer nuestro propios límites y no traspasarlos? Otras veces queremos que la manzana sea el símbolo de la muerte en algún cuento popular como el de la Cenicienta que es obligada a comer un fruto empapado con veneno. 
Moja la manzana en el brebaje, deja que la muerte durmiente la empape…”
A veces es el instrumento de la Revelación, un entendimiento mitológico del conocimiento y de la búsqueda de la verdad es este: Imaginemos que Isaac Newton duerme la siesta al pie de un manzano (otros dirán que solo estaba reflexionando), se dice que era el verano de 1665 aunque la falta de referencias exactas indique algunas veces que fue 1666, la razón de que el genio se encontrara en el campo era muy sencilla, se había recrudecido la peste, en 1665 la Universidad de Cambridge había cerrado sus puertas, no había mucho que hacer al respecto y la mejor opción para escapar de ella era huir al campo, a Woolsthorpe ese fue uno de los “años milagroso de Newton” y también, hay que recordar que 1666 es al año del incendio de Londres. Pues bien, en ese momento una de las manzanas del árbol le cae al lado suyo y recibe una especie de “epifanía”: su inteligencia monumental acaba de discernir el fenómeno de la gravedad de los objetos, sus matemáticas habrían de proveer a la ciencia del futuro de un “manual de instrucciones” de esta fuerza de la naturaleza. Muchos afirman que el episodio de la manzana es apócrifo y que la inteligencia de este científico hubiera podida descentrañar los misterios de la naturaleza sin la intervención de este evento. Lo cierto es que la Royal Society tiene un documento “desclasificado” en donde Newton le comenta este episodio a su amigo William Stukeley. Esta vez la manzana fue el fruto del conocimiento en el Árbol de la Ciencia.
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El caso del matemático inglés Alan Turing es distinto y dramático. Alan Turing fue el padre de la ciencia de las computadoras, a través de su máquina teórica “de Turing”, pretendía encontrar una manera en que las máquinas pudieran pensar como los seres humanos, combinando la lógica con elementos aleatorios, en teoría, una máquina podría simular tener libre albedrío. Alan Turing estudió lógica matemática en la Universidad de Cambridge y trabajó para su país en los Servicios de Información. Turing trabajó en una máquina denominada “La Bomba”, el propósito de esta máquina era comportarse como varias máquinas alemanas “Enigma” codificando al mismo tiempo. Más tarde participaría en la construcción y operación de Colossus, el propósito era descifrar los códigos de los alemanes, anticiparse a sus operaciones y conocer la localización de los nazis en el Atlántico, gracias a ésto se salvaron muchos buques británicos. Colossus es considerado el primer ordenador eléctrico ya que trabajaba con tubos al vacío en vez de relés como las máquinas anteriores. Los trabajos de Turing buscaban, mediante el manejo de números, la encriptación de códigos gigantescos. Turing sienta las bases para la ciencia de la computáción partiendo del hecho de que podía crear máquinas teóricas o abstractas capaces de procesar símbolos. Se dice que Colossus no fue en un sentido exacto una “maquina de Turing” aunque se acercaba mucho a ello. Alan Turing fue considerado en su momento un héroe al grado de ser condecorado con la Alta Orden del Imperio Británico. 
Hasta la fecha sus trabajos siguen dando de que hablar y generando estudios y análisis por parte de los expertos. Creer que las máquinas pueden pensar es una concepción que raya con fantasías de ciencia ficción. Todavía no sabemos si los robots puedan algún día “soñar con ovejas eléctricas” o si puedan desarrollar pensamientos anti-éticos como Hal 9000. Turing crea un interpretación filosófica sobre este asunto: ¿Es posible distinguir una máquina de un ser humano? Para esto enuncia el famoso Test de Turing, cuya belleza radica en que no necesita muchos elementos de comprobación y está basado solo en una percepción empírica y del sentido común: una mordida más al fruto del conocimiento. 
Turing diseñó, luego de la Segunda Guerra Mundial uno de los primeros computadores electróncos que podían programarse en el Laboratorio Nacional de Física del Reino Unido para después trabajar en el software de la Manchester Mark I de la Universidad de Manchester, por esas fechas fue la construcción del Colossus que fue precursor de la la ENIAC, construido por la Universidad de Pennsylvania. 
Turing era un homosexual bastante excéntrico enmedio de una sociedad hipócrita y doblemoralista todavía permeada por el conservadurismo de la época victoriana. Era un personaje tímido, solitario, le gustaba aislarse de los demás y era visto muchas veces con envidia o recelo por sus colegas de trabajo quienes contribuyeron a su segregación. La sociedad británica tenía poca tolerancia a la homosexualidad sobre todo si ésta era pública y contribuía al escándalo. Eran las mismas leyes británicas que en el pasado habían condenado a Oscar Wilde a trabajos forzados en la cárcel de Riding. Alan Turing vivía siempre en la cuerda floja debido a sus costumbres homosexuales, de alguna manera se sabía de ellas y muchos de sus compañeros y conocidos se hacían de la vista gorda sabiendo la clase de problemas que esto le acarrearía si se involucraban las autoriades. ¿Qué es el pecado sino el fruto del conocimiento del bien y del mal? La moral judeocristiana nos aconseja no comer de ese fruto. Cuidado, esa manzana también puede estar podrida. 
Cierto día de 1952 Alan Turing llega a su casa y encuentra a su amante en turno Arnold Murray robando sus pertenencias en compañía de su cómplice. Turing, completamente indignado, actúa por impulso y se presenta en la Comisaría de Policía más cercana para denunciar el robo. Luego de un interrogatorio los agente se dan cuenta del elemento homosexual del delito, poco a poco, Turing va develando detalles que lo comprometen, detalles personales que el sentido común nos dice que a veces es importante ocultar. Pocos días después Turing encuentra en su casa una carta en la que se le denuncia por “indecencia grave por perversión sexual”, todo esto bajo la base legal de la Criminal Law Amendment Act 1885 y se le cita a comparecer ante un juzgado por sus actos de sodomía. Se da un proceso en el que Turing no niega sus prácticas sexuales. Luego del proceso el juez le da a elegir entre la cárcel o el arresto domiciliario con la condición de ser sometido a un tratamiento con hormonas para “reducir” su nivel de líbido. Turing aceptó la segunda opción. Esta tratamiento aun no había sido probado, así que alguna manera Turing se convirtió en conejillo de indias de la ciencia británica. El resultado del tratamiento fue desastroso: insomnio, ansiedad, vértigo, incapacidad de concetración, engordó más de lo debido (Turing siempre había tenido un cuerpo esbelto y atlético), le crecieron los pechos y quedó impotente. Otro efecto del proceso fue el escarnio público y la expulsión de su puesto de codificador. 
Con sus facultades mermadas por el tratamiento pasó dos años en el completo ostracismo aunque no abandonó sus actividades científicas. Turing estaba cansado de todo, de su vida, de la sociedad solo le quedaba la ciencia pero sentía que sus facultades matemáticas habían sido afectadas. No podía resistir tanto dolor así que decide poner fin a su vida. El 7 de junio de 1954 Turing compró una bolsa de manzanas, elegió la más roja y hermosa de todas ellas, le inyectó una buena cantidad de cianuro  y le dio un mordisco. Se cree que la dosis fue tal letal que no le pudo dar un segundo mordisco. Nuestro imaginario quiere que la manzana venga del árbol de la muerte y las ilusiones perdidas. 
Un error de apreciación y una tendencia a la comprensión poética del mundo quiere que la manzana de Apple Computer sea la misma manzana mordida de Alan Turing, todo parece embonar: los colores del arcoiris del movimiento gay, la mordida del conocimiento del bien y del mal, la mordida al fruto del árbol de la ciencia, la relación de las matemáticas de Turing con las computadoras actuales… Lo siento, pero es falso. La historia no siempre tiene la misma exactitud de la poesía. La verdad tiene otros mecanismos que no necesariamente están relacionados con la belleza de una historia. Lo cierto es que Steve Jobs, quien era un hippie que de vez en cuando acostumbraba vivir en comunas donde con frecuencia se cultivaban manzanos se estuvo debatiendo entre el nombre de Apple y otros para su compañía (eso es lo que menciona Steve Wozniak a quien Jobs le contó que había visitado un manzanar en Oregon),  la combinación Apple Computer funcionaba porque contrastaba un elemento natural con otro artificial lo cual podría crear cierta percepción en el consumidor, además, otra persona que contribuyó a nombrar la compañía, Ronald Wayne quería que tuviera una grabado antiguo con la imagen de Isaac Newton y una manzana. Por otra parte Rob Janoff, el diseñador gráfico que realizó la manzana arcoirirs con la mordida afirma que en ningún momento pensó en Alan Turing al momento de diseñar la manzana. Entre tantos malos ententidos también se dice que Jobs quería robarse el nombre y el concepto de la compañía discográfica de los Beatles, Apple Records. Todos conocemos la clase de problemas legales que trajo esto.
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Con la misma doble moral que antes a Alan Turing se le han ido dando discretos reconocimientos: develando una estatua por ahí, poniendo una placa por allá. En el 2009 el primer ministro británico Gordon Brown dio un disculpa pública por el tratamiento dado al célebre matemático y por lo injusticia que se le hizo a este héroe de guerra. Se ha declarado el 2012 como el año de Alan Turing y se ha dispuesto la creación de un sello postal para celebrar el centenario de su nacimiento y se discute una petición para que sea perdonado del delito de “indecencia grave”. Como en el jardin de Hera donde las Hespérides cuidan de los manzanos dorados que todos codician, algunos se acercan a este jardín desafiando al dragón de cien cabezas para robar uno de estos frutos que también otorgan inmortalidad. ¿Habrá sido ese el caso de Turing?

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