sábado, 21 de septiembre de 2013

Bartleby y compañía

Explorando la literatura del No
Por: Noé Vázquez


Enrique Vila-Matas consideró hacer un libro con ciertos materiales peculiares, aquellos que precisamente omitimos leer: los pies de página, es decir, ese campo minado en donde nadie quiere entrar a riesgo de encontrarse en medio del fuego cruzado donde los eruditos se dan hasta con la cubeta. Lo primero está en imaginar una obra no existente, un libro hipotético, una novela proyectada y soñada, un tratado posible. Es en este mundo etéreo y difuso propuesto por el autor donde se condensa esta obra a la manera de aclaraciones y explicaciones no solicitadas y que, al mismo tiempo parecen rescatadas de un libro no existente. Bartleby y compañía de Enrique Vila-Matas nos deja entrever la explicación de una escritura posible (en el aire, a la espera de ser creada) que sólo nos resta imaginar. El autor parece decirnos que su libro es el subproducto de un caso más de bloqueo literario; a su narrativa la construyen los ejemplos, nos hace disfrutar con ciertas evocaciones, aclaraciones y explicaciones acerca del nihilismo literario, es decir, la negativa a escribir, la inercia e inmovilidad de quien ya lo dijo todo y que decide guardar un silencio estéril. El mal de la no escritura es algo que se presenta en la mayoría de los escritores que pasan por ese tránsito, para esto hay que partir del hecho de que también hay escritores que no escriben. Vila-Matas se encarga de los escritores por defecto, de los escritores a pesar de sí mismos y de los escritores imposibles. La idea de Bartleby viene de Melville quien crea un gris oficinista que prefiere no hablar de su vida, como si quisiera desvanecerse, deshacerse del mundo que lo rodea y fundirse en una especie de éter en donde es invisible. Como muchos escritores que guardan silencio y se ponen en guardia contra el mundo (Salinger fue uno de esos casos), el proceder del personaje de Melville se antoja absurdo y poco verosímil (pero Kafka nos enseña a creer en ellos). El narrador es Vila-Matas o un trasunto literario de él, quien se identifica con Gregorio Samsa, el personaje kafkiano y se asigna como señal de deformidad una joroba. Pie de página tras pie de página Vila-Matas describe casos de bloqueo mental o de negación de la escritura: Pepín Bello, J.D. Salinger, Juan Rulfo, Rimbaud, Augusto Monterroso, Felipe Alfau, Céline, Robert Musil, Ignacio Vidal Folch, Robert Walser, Pedro Casariego Córdoba y un largo etcétera que nos demuestra lo poco raro que es este fenómeno. En un tono entre confidente y anecdóticoVila-Matas esboza estos retratos como si se tratara de figuras de un museo. Vila-Matas plantea preguntas como:¿Qué provoca que un escritor se niegue a escribir? ¿Qué motivaba la abulia y el desdén de creadores como Marcel Duchamp? ¿Cómo romper la inercia de la no escritura? Los no-escritores o escritores del No dicen lo que es necesario decir y luego guardan silencio, o bien, se alejan del oficio creativo por un tiempo para, muchos años después, regresar para decir otro tanto. Unas veces, tocados por la gracia del genio se duermen en sus laureles sólo para disfrutar de su merecida fama y no volver a hablar; otras veces, víctimas del desdén del público y de la crítica, del ninguneo y de la infamia, se refugian en un mutismo del que no saldrán hasta mucho tiempo después. La idea y la decisión de no escribir es casi tan radical como la de escribir aunque yo siempre sugiero y me consta que la segunda requiere de más valor. La actitud de no escribir es vista por el autor como una extravagancia, como aquella de quien decide hacer un voto de silencio todos los días martes o no comer carne los domingos. La escritura de Vila-Matas combina la anécdota constante, una tras otra, como si tratara con cuentos peculiares sobre escritores y no-escritores, junto con reflexiones y uno que otro detalle novelesco que lo incluye a él como narrador y personaje; muchas veces propone desvíos que son muy disfrutables y que francamente se agradecen. Bartlebly y compañía parece un ensayo y no lo es, parece una novela pero tampoco lo es ya que es una no-novela; es mejor decir que se trata de literatura autoreferencial o metaliteratura, a la cual ya nos tiene más que acostumbrados.

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