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El Blog de Noé Vázquez

martes, 21 de agosto de 2012

Las correcciones



Por: Noé Vázquez


Las correcciones de Jonathan Franzen fue el primer éxito de este autor estadounidense, fue el libro que le dio la fama y los premios, además de una cantidad millonaria de ejemplares vendidos. Luego de publicar obras como Ciudad Veintisiete y Movimiento Fuerte, este libro fue su obra más notoria luego de nueve años de silencio y apareció en el 2001, muy cerca del 11-S, hecho que derivó en una atención internacional, muchos dicen que indebida. Se trata de una obra que ha dado mucho de que hablar y que llegó en un momento de crisis, de replanteamiento de valores, de temor y confrontación; así mismo su importancia radica en la valoracion de los críticos que vieron en ella a “la primera gran novela americana del siglo XXI” así como ecos de Balzac, Dostoievsky y hasta Charles Dickens. A mi me recuerda un poco, por tratarse de una saga familiar, a American Pastoral de Phillip Roth y muchos encuentran a la familia Lambert tan memorable en su impacto al lector como la familia Buddenbrook, de la novela de Thomas Mann. Las correcciones pone a Franzen justo en el ojo del huracán al ser evento literario de iniciaba un nuevo siglo. La sorpresa de los lectores y la crítca ante esta obra fue que, sin importar la omnipresencia de los medios masivos de comuniación y el reinado de Internet que ya estaba muy caliente para aquel entonces, demostraba que todavía se podían escribir grandes novelas, grandes en el sentido de calidad literaria, volumen de páginas e impacto sobre los lectores.


Una percepción que tengo de los personajes de Jonathan Franzen es que éstos consideran cada uno de sus actos como esbozos de un cuadro que poco a poco van completando a lo largo de sus vidas, un cuadro imperfecto sobre el que vuelven constantemente defendiendo su causa y aprovechando sus lecciones aprendidas. Tal vez el caso de Chip Lambert sea más significativo, Chip es el hermano mediano de la familia y el más intelectual, los otros son: Gary, el primogénito y Denise, la menor, quien, luego de tener éxito como chef en un restaurante de comida gourmet (llegando al punto de ser una celebridad) termina por perder su empleo al tener una relación lésbica con la esposa de su jefe. Por su parte Chip es un profesor universitario que parece no haber encontrado un lugar en la vida, su conducta lo lleva a ser despedido de la universidad donde imparte una cátedra luego de ser descubierto que tenía un amorío con una de sus estudiantes. Su conducta desestructurada lo lleva a embarcarse en proyectos de dudosa legalidad: Gitanas, un político y funcionario lituano de alto nivel, luego de enterarse de que Chip tiene conocimientos de lingüistica y filología inglesa, lo invita a su país para diseñar páginas web falsas que convenzan a posibles inversionistas a llevar sus capitales al país. Se trata de un proyecto de dudosa legalidad (aunque muy lucrativo) del cual no informa a su familia. Desde siempre, Chip sostiene un malentendido con sus padres: ellos creen que trabaja para el Wall Street Journal cuando en realidad se trata del Warren Street Journal, una revista de literatura underground. Chip también posee el manuscrito de un guión cinematográfico que espera vender cuando se presente la oportunidad. Cada evento en su vida le da un pretexto para corregir ese manuscrito de nunca acabar. Estas constantes correccciones son un símbolo de una vida que busca enmendarse, replantearse constantemente. Los otros personajes de Jonathan Franzen como los padres de Chip, Enid y Alfred y su hermanos Denise y Gary forman el retrato de una típica familia disfuncional estadounidense. La dureza de una novela así radica en la forma de plantear la crítica de una sociedad que valora por encima de muchas cosas el éxito económico. Sus descripciones abundan en detalles como su moral sexual, la cultura de las drogas y el consumismo necesario y conspicuo que tiene el ciudadano promedio estadounidense.

Quizá los personajes más conmovedores de la novela sean la pareja de ancianos padres de la familia Lambert: Alfred y Enid, la imagen que se nos presenta de Alfred puede la ser la del adulto mayor promedio: un muñeco descompuesto que se la acabó la cuerda y sortea las aguas del sistema de seguridad social con las pocas energías vitales que le quedan mientras enfrenta el mal de Parkinson, los efectos secundarios de los medicamentos, el olvido, la mente confusa y la incontinencia urinaria. Alfred es un ex ingeniero de una compañía ferroviaria cuya empresa fue absorbida por otra; faltando seis semas para su jubilación pide su retiro con lo cual deja de tener derecho a la pensión; este es un hecho que constantemente le es reprochado por su hijo Gary, quien es funcionario de alto nivel en una compañía de correduría. Gary también le reprocha a su anciano padre el hecho absurdo de que éste hubiera aceptado una limosna de cinco mil dólares por el uso de una patente suya por parte de una gigantesca corporación que pretente, curiosamente, ser una opción ambiciosa y prometedora que podría en un futuro curar enfermedades como el Mal de Parkinson. Este hecho indigna a Gary quien busca a toca costa una forma de revancha contra esta compañía: la petición de un paquete de acciones o la inclusión de su padre entre el un grupo de enfermos en quienes se va a experimentar con este tratamiento.

En sus afanes de manipulación Gary busca controlar la vida de sus padres, sus intenciones son buenas pero su propia familia parece salir de su control, sus hijos son caprichosos y mal educados y su esposa lo manipula constantemente con dolores imaginarios. Tal vez el entorno familiar de Gary refleje con mayor precisión un estilo de vida de consumo impuesto por una mercadotecnia agresiva y la invasión de la vida privada de los medios masivos de comunicación y los abusos del Internet. Franzen no duda en mostrar una sociedad que se regodea en el desperdicio y el consumo, una sociedad muchas veces narcotizada con televisión satelital y artilugios tecnológicos. No nos confundamos, no creo que Franzen sea como aquellos abuelos que, sentados cómodamente en su sillón señalan los nuevos tiempos con la etiqueta de “decadentes”, eso sería la parte fácil. Muchos caen en esa zona de confort: el señalamiento constante de que otros tiempos fueron mejores y que esta sociedad está en franco retroceso (el ideal de que la sociedad es “decadente” está tan imbricado en nosotros que resulta sano revisar el concepto de manera crítica y preguntarnos si todas las sociedades de todos los tiempos también tuvieron esa percepción).

La madre de los Lambert, Enid, es el marcado arquetipo de la abuela que solo busca poder reunir a su familia para el día de Navidad. Como si se tratara de un leit motiv, Enid hace los preparativos para tener a la familia reunida. Da la impresión de que todo el argumento de la novela parece suspirar una pregunta sigilosa: ¿Podrán los Lambert reunirse para las fiestas de Navidad? En un principio esto podría sonar hasta cursi (tomando en cuenta que lo cursi es lo sublime fallido) pero aquí radica en meollo del asunto, el gran tema de la novela: cada Navidad vivida es un corte de caja personal y particular, de reflexión, planes, reivindicación, revisión. La motivación de cada personaje tiene flechas hacia varias direcciones, puede ser su pasado, sus esperanzas, las posibilidades no valoradas adecuadamente, las errores que hay que enmendar, la culpa que nos lleva a la sobrecompensación con nuestros seres queridos o los nuevos errores y aprendizajes por venir. Un borrón y cuenta nueva y una esperanza de correción. Los Lambert viven en St. Jude, en algún estado del Medio Oeste estadounidense el nombre de la ciudad nos permite suponer que les es familiar la iconografía católica: en este caso, San Judas, patrono de las causas posibles/imposibles: ¿Podrá salir Chip a tiempo de Lituania para estar con la familia para la cena navideña? Con todas las posibilidades en contra, una revolución incipiente en Lituania, un caos total en el país, un aeropuerto que ha cancelado todos sus vuelos y luego de haber sido asaltado por un grupo de “policias” rufianes (o unos rufianes vestidos de policia) Chip Lambert, como su madre Enid, buscará al león del país de Narnia, Aslan, en algún lugar del Medio Oeste norteamericano

Franzen retrata con realismo la humanidad de sus personajes, los ubica en una circunstancia actual sin ignorar el abismo generacional que separa a padres, hijos y nietos. Novela de la reinvindicación de sus personajes que vuelven sobre sus fallas, sus decisiones y sus errores pasados como tratando de mejorar el esbozo primario. El caracter ambicioso de la novela lleva a Franzen a abundar sobre sus personajes girando lentamente en las aristas de un poliedro psicológico que lo lleva a dotar a cada uno de secretos que poco a poco va develando a través de reminiscencias o flash backs como si se tratara de un prestidigitador que de repente saca un as de la manga mostrando una faceta no conocida de determinado personaje. 

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