domingo, 22 de febrero de 2015

Harold Bloom y el canon literario

Por Noé Vázquez

Bloom. Debate incansable, constante.

El libro de Carlos Gamerro sobre Harold Bloom representa una buena aproximación a las distintas propuestas teóricas formuladas por el citado autor. Harold Bloom nació un 11 de julio de 1930, en el Bronx, sus padres eran judíos que nunca supieron leer en inglés. Desde su niñez se destacó marcadamente por su afecto por la lectura. Fueron sus visitas a la Biblioteca Pública de Nueva York lo que inculcó el amor por ciertos autores a quienes empezó a leer a partir de los siete u ocho años: esta lista empieza con la poesía de Hart Crane, T.S. Eliot, W. H. Auden y William Blake. 

La importancia de Harold Bloom radica en haber revolucionado la forma de hacer crítica de parte de las academias popularizando conceptos como "la angustia de las influencias", la dualidad "efebos y precursores", define los conceptos de malas y buenas interpretaciones de una obra y, a partir de ahí, establece categorías o modalidades de mala interpretación en forma de seis cocientes revisionistas como el clinamen, la tésera, la kenosis, la demonización, la ascesis, y la apofrades. En todas estas modalidades o cocientes se analizan las tensiones entre los "efebos" y los "precursores", la forma en que unos y otros se aproximan entre ellos o se separan, la manera en la que estos establecen relaciones de continuidad y discontinuidad, de ruptura o complementación, la manera de vaciarse de una influencia o de llenarse de ella, la desvinculación con un autor, la renuncia a los dones otorgados al efebo, como en el caso de ascesis, donde éste se revela contra su precursor, se vacía de su influencia literaria y busca un camino alterno que lo separe de su predecesor. Las tensiones entre las influencias tienen cierto carácter definido por movimientos sentimentales como la humillación, la angustia, los celos, la envidia, la admiración. La relaciones complejas entre los autores de distintas épocas marca el desarrollo de las distintas obras literarias.

La angustia de las influencias.

Para Harold Bloom cada lectura errónea de una obra anterior será una lectura creativa, una mala interpretación engendrará nuevas creaciones; una interpretación "perfecta" sólo podrá dar origen exactamente al mismo texto, comparemos esto con el modelo ficticio creado por Borges en Pierre Menard, autor de El Quijote, el texto interpretado y creado es exactamente el mismo texto escrito por Cervantes. Los "efebos" crean de alguna manera a sus precursores, por poner un ejemplo, fue necesaria la existencia de Borges para poner en perspectiva y análisis la obra de un poeta como Evaristo Carriego; y fue también la idea de un "poeta fuerte" como Borges lo que permite que exista un Leopoldo Lugones agradecido de tener un lugar en la obra del gigante autor de Ficciones quien supera la angustia del influjo ejercido sobre él de parte de Lugones.

La literatura es una pugna por la inmortalidad, es el trofeo máximo del creador, el botín de esta guerra es una defensa contra el olvido. Las influencias entre distintos autores hacen que estos tomen lo que necesitan de los demás de manera egoísta para salvarse del tiempo que todo lo contamina y lo sepulta. En este sistema darwinista los autores son como vampiros, como leones que se alimentan de los corderos. Los fuertes echan por la borda a los débiles y los condenan al olvido, al ostracismo, en suma a la muerte. Hay una visión de agotamiento en la que las obras engendradas en etapas posteriores son espejos de las anteriores, simples remanentes que copian o remedan los modelos tempranos. El poema padre es la luz, la inspiración fundamental y los poemas posteriores representan un desgaste de esa inspiración.

Para las teorías de Bloom la influencia lo es todo. Incluso cuando hay un "apartarse de la influencia" podemos considerar que existe. La negación de la influencia es una parte del influjo de un autor sobre otro. Bloom también nos enseña ciertos principios sobre la lectura y sobre la forma en la que debe practicarse; principios como la soledad, el egoísmo, el placer y la contemporaneidad, sobre esta, Bloom anima al lector a no preocuparse por tener una lectura historicista sobre un texto antiguo, el que generalmente abruma al lector ya que está formado por códigos que ya no son vigentes, fue escrito para otras épocas, para otras personas y con un lenguaje ya muerto. La lectura historicista, que es propia de académicos es inasequible para el lector común. Para Bloom, hay que leer desde nuestro presente, desde nuestras propias circunstancias, esto le otorgará a al texto un sentido nuevo, muchas veces insospechado por los exegetas anteriores. El lector nuevo de una obra antigua va a interpretar mal una obra y esto representará una lectura fuerte. Otro elemento de la lectura es el humor, la interpretación abierta y la ironía, es decir, cuando el sentido literal de una frase es distinto del sentido real. La lectura debe relativizarlo todo porque debe tener un carácter abierto y no dogmático.


La mejor forma de asesinar un texto literario es ponerle los grilletes y la camisa de fuerza del dogma; la mejor forma de acercarse a un texto literario es a través de su comprensión estético-cognitiva, la lectura es un placer, un deleite solitario y una manera de acceder al conocimiento de la imaginación, la poesía es una manera de crear valores a través del conocimiento de lo otro. Hay otra manera de concebir la literatura, a través del dogma, éste puede ser religioso-moral, y político-ideológico. La lectura religiosa se dirige a la colectividad, más nunca al individuo en su soledad de lector; busca demostrar una tesis pre-establecidad por el intérprete que busca en el texto los argumentos con los que busca defender la misma e ignora aquellos que no le sirven para su propósito. Es la razón por la cual la Iglesia Católica no promueve la lectura en solitario, esta lectura deber darse a través de sus intermediarios que pueden ser los sacerdotes, los teólogos y los especialistas en el tema. La lectura dogmática restringe la libre interpretación y está dirigida a crear pautas para el mejoramiento espiritual y moral de las personas y de la comunidad. No hay placer en la lectura dogmática, pensemos en la forma compulsiva de los niños de padres musulmanes quienes deben aprender de memoria párrafos del Corán, aún sin entenderlos. La lectura dogmática desalienta el cuestionamiento, su mala interpretación se considera como herejía, pensemos en la fatwa ejercida contra Salman Rusdie, o en la censura de la película de Scorsese sobre un libro de Nikos Kazantzakis, o bien, en la condena de ciertos grupos fundamentalistas hacia la propuesta de Bloom de dar a los textos sagrados una aproximación en términos literarios.


Harold Bloom propone leer los cinco libros del Pentateuco tal y como leemos Hamlet, El Quijote, o Crimen y castigo. El riesgo de una lectura estética radica en dotar de un sentido distinto un texto cuyo propósito fue el de crear un conjunto de valores, su lectura siempre fue dogmática, promotora de pautas para el mejoramiento social. En este caso el sentido convencional del texto desaparece para dar lugar a nuevos valores que el lector irá creando a medida que lea. Esa mala interpretación convierte a la Biblia en un texto nuevo, muchas veces insospechado. Con El libro de J, escrito en colaboración con David Rosenberg básicamente propone la teoría de que las partes de la Torá consideradas como El libro de J fueron escritas no por un autor divino o colectivo, sino por un escritor individual de género femenino y caracterizado por una alta sensibilidad literaria y por un temperamento irónico. Este autor, que Bloom imagina, escribe estos textos alrededor del año 900 a. de C. en tiempos del rey Salomón. Para el momento en el que Bloom escribe este libro su fama ha llegado a muchas partes y se ha alejado de la escritura de libros académicos para convertirse en un escritor de masas. El libro de J empieza a causar mucho revuelo gracias a las argucias de los editores que logran crear cierto nivel de polémica alrededor del mismo. La controversia sobre los autores de la Biblia atrajo la atención de los integristas religiosos, sin embargo, la disputa no a pasó a mayores. Los historiadores, al menos, identifican a varios redactores del citado libro sagrado: o el Yahvista, E el Elohista, P el Autor sacerdotal, y R el Redactor, quien fusionó los textos anteriores, despojándoles de su carácter individual. 

Harold Bloom al ser uno de los defensores del canon occidental de obras, es decir, la lista de obras y autores que representan la alta cultura de la civilización occidental y que han dado la pauta para creadores posteriores y no ha perdido vigencia; se ha enfrentado con duras críticas de parte de otro grupo de estudiosos a los que Bloom califica como la "escuela del resentimiento" o resentniks, encontrando un símil con el grupo de escritores beatniks. Estos son algunos de los que Bloom llama "resentidos": la crítica marxista, que ve todo como un reflejo de cuestiones de producción y de la dinámica de la lucha de clases que generalmente usa categorías para calificar a los autores como revolucionarios, reaccionarios, proletarios, burgueses, materialistas e idealistas, realistas y fantásticos. La lista negra continúa: La crítica feminista, los estudios coloniales y postcoloniales, la políticas de razas, las políticas de género, los estudios culturales, la semiología y las escuelas francesas de la crítica.


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