miércoles, 20 de junio de 2012

Al Este del Edén


Por: Noé Vázquez.

John Seinbeck nos habla del paisaje como una metáfora agreste de la condición humana, nos habla de sus personajes como una referencia salvaje del paisaje y nos habla de sus eventos con una crudeza llana, directa y descarnada. Sus paisajes están en Connecticut con la familia Trask, y en California en el valle de Salinas, con la familia Hamilton; a partir de estas dos inicia una saga familiar que se extiende desde la Guerra Civil estadounidense hasta principios del siglo XX. Sus personajes son inmigrantes, recién llegados, gente que tiene que luchar con los elementos: la sequía, las carencias del medio, el clima contra el que hay que luchar con fuerza bruta una veces y con mucho ingenio otras tantas. A esta gran novela no escapan ciertos elementos nostálgicos que hablan del sabor del pasado cuando (a decir de cualquier anciano fumador de pipa que se balancea en una mecedora): "otros eran los hombres, otros los valores, otros los tiempos, que fueron mejores". Como escritor norteamericano Steinbeck supo reflejar un mundo en ebullición, casi recién creado (aquí la referencia bíblica es inevitable: En Al Este del Edén, uno de sus personajes se llama Adán y no van a faltar a lo lardo de la novela frutos prohibidos y manzanas de las discordias) donde se resalta la influencia del pastor, la congregación religiosa a la que todos asisten una vez por semana o la escuela dominical de las comunidades protestantes y católicas. Se respira en esta saga la sensación de inminencia de algo, de eventos que están por presentarse, sus personajes miran al futuro con anhelo: "Ya vendrá, ya vendrá..." Sus personajes se parecen a los de Faulkner, subsisten a pesar de todo, parecen insignificantes y no lo son. Unos esconden virtudes con una modestia silenciosa y estoica; a otros, las distancias alucinantes del país los obligan al vértigo de un vagabundeo constante; otros (como el personaje de Cathy Ames) son epítomes de la maldad y la monstruosidad. La intuición de escritor y poeta de Steinbeck (no olvidemos que las grandes novelas nacen de una fórmula poética) lo hizo entender desde un principio la esencia de la conquista del Oeste norteamericano y el ideal colectivo de "frontera", la necesidad de poblar los espacios, de imbuirles un "ser" social y espiritual que es el principio de la colonización de nuevas tierras. Steinbeck explora muy bien las percepciones del "newcomer" o recién llegado y la necesidad incesante de no dejarse vencer por las circunstancias. Steinbeck se convierte en un representante del "realismo social" estadounidense que, de vez en cuando tiene despertares cinematográficos, uno de ellos la malograda Heaven's Gate de Michael Cimino. Una saga familiar como esta lo acerca a escritores como Thomas Mann (Los Buddenbrook); aunque no tendría reservas en decir que obras como Pastoral Americana de Phillip Roth tienen algo de Steinbeck por el hecho de hablar de historias familiares aunque Steinbeck tenga más en común con escritores como T. Dreiser y E. Caldwell. Cabe decir que admiraba el trabajo Hemingway en sus cuentos cortos y toda la obra de William Faulkner, quien creó la saga Yoknapatawpha, una serie de novelas entrelazadas de forma balzaciana, con vasos comunicantes y continuidad entre ellas, lo que las convierte en otro fresco social de la vida estadounidense, en particular de la zona del Mississippi.
 
robert-capa1                                                                           Foto: Robert Capa
 Dorothea Lange                                                                     Foto: Dorothea Lange
PHE2009_Lange_18                                                        Foto: Dorothea Lange
 
John Steinbeck nació en Salinas, California; esta circunstancia nos hace pensar que Al Este del Edén, tiene algo de la propia infancia del autor y, por lo tanto la vuelvan una novela más "personal" aunque quizás debamos preguntarnos qué no obra no lo es. No debería extrañarnos que Steinbeck hubiera conocido, en su vagabundeo constante y en los múltiples trabajos que realizó a lo largo de su juventud, personajes como el chino Lee (quien, a pesar de sus estudios universitarios prefería los afanes, no exentos de cierto poder, de un sirviente); o bien, como el inventivo Samuel Hamilton, un inmigrante irlandés con un sentido del humor a toda prueba. La obra de Steinbeck alude y se sustenta en un sentimiento profundamente moral, hablo de la moral estadounidense que valora lo sagrado del trabajo duro por encima de muchas cosas y la palabra empeñada como una garantía casi de fuerza legal; la moral protestante y calvinista que no tiene reparos en considerar el beneficio económico como una señal de bendición y predestinación, o bien, la necesidad de una existencia austera y simple que vaya sin ningún tipo de lujos y redundancias. Esta moralidad muchas veces la deposita en personajes femeninos como el de Liza, la esposa de Samuel Hamilton o en la primera señora Trask.
 
Los grandes escritores como Steinbeck son poetas sociales, su condición los vuelve más notorios que, por ejemplo, un académico que hiciera estudios sobre la vida estadounidense y sólo fuera conocido por sus colegas y un grupo de lectores especializados. En este sentido, es más cercano a las personas comunes y corrientes, tiene la misma importancia que el músico popular o el héroe local. Steinbeck supo retratar la realidad estadounidense con su grandeza y su miseria pesadillesca en obras como Las uvas de la ira, o De hombres y ratones. Para Steinbeck, el deber principal del escritor era declarar y celebrar la capacidad de grandeza de los seres humanos, la gallardía de sus combates cotidianos, su coraje, su compasión y su amor. Pensaba que todo escritor debía creer en la perfectibilidad del ser humano, de otra manera, éste no podía tener cabida en el mundo literario. 
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