jueves, 9 de enero de 2014

Desnudando a Google

El poder del lado oscuro

Por: Noé Vázquez


Y cuando despertamos, Google ya estaba ahí. La monstruosa maquinaria imperante nos había vuelto adictos a sus servicios. El libro de Alejandro Suárez Sanchez-Ocaña hace una disección del motor de búsquedas más famoso del mundo. Aclara que quien piense que sólo es un motor de búsquedas deberá pensarlo dos veces ya que Google terminó invadiendo todas las esferas de la vida diaria de los internautas. Lo suyo es ocuparnos como cebo para vender servicios a sus clientes. La evolución de Google nos indica las desventajas de dejar que una empresa pueda crecer tanto y acumular tanto poder. Desnudando a Google pretente ponernos en alerta sobre los peligros de permitir que una sola compañía pretenda adueñarse de la cultura y de la experiencia humana, y no solo eso, nos pide ponernos en guardia contra los afanes controladores de la citada compañía: no dejarse engañar con esa fachada de que son los buenos de la película es un comienzo. Hay que tener claro que Google se ha ido labrando una imagen de empresa con fines no lucrativos ofreciendo toda clase de servicios gratis a sus usuarios. Se nos pide no caer en ese juego, lo gratuito no existe, al final siempre terminamos pagando, siempre somos utilizados por alguien, pueden ser las compañías que se hacen de visitas a través de publicidad patrocinada a través de Adwords, pueden ser las empresas de publicidad dispuestas a pagar para conocer tendencias, intereses y perfiles de sus clientes potenciales, y que Google dice conocer; porque nos conoce, incluso mejor que muchos miembros de nuestra familia. Nos mira navegar por el ciberespacio, conoce nuestros gustos, nutrimos a esta bestia con cultura, con información, con contenido, del cual Google se vuelve medio, intermediario y destino. Como una bestia voraz que asimila el espíritu humano, devora la información y la regurgita bajo sus condiciones. Si lo meditamos bien, nos damos cuenta que Google es la más grande y monstruosa compañía mundial de piratería legal. Piratería y legal parecen términos contradictorios pero en este mundo de tonos grises donde no acabamos de saber quienes son los buenos y quienes son los malos esto importa poco. Escanear un acervo de millones de libros, por ejemplo, quien puede decir qué tal legal es, pues Google lo está haciendo; espiar con automóviles robóticos la privacidad de tu calle sin importar que esa información luego esté a la mano de ladrones y secuestradores no importa, Google Maps no es ilegal después de todo. Escanear las noticias de diversos medios y luego presentarlas como productos propios a través de Google News para que el usuario no tenga que ir a la página del periódico o la agencia de información, no está tan mal, quien diría que están haciendo algo malo, después de todo ellos sólo son intermediarios.  Abundan los gobiernos que amenazan al sitio, llueven demandas, el departamento legal de la compañía se antoja tan grande como un edificio, pero todo eso no importa; hay una relación desproporcionada entre los problemas jurídicos de la compañía y las increíbles ganancias que obtiene a lo largo del mundo. Semejante poder puede corromper a cualquiera. La empresa que modestamente creara Larry Page y Sergey Brim tenía buenas intenciones, cuando todo crece los intereses de diversas personas empiezan a modificar el rumbo inicial. Una gran responsabilidad supone una ética para no inclinarse hacia la avaricia, hacia el lado oscuro: Don´t be evil era la premisa de esos aventureros que idearon PageRank. Todo fue tan gradual que no fue posible saber en qué momento se perdió el rumbo. Tampoco pudimos darnos cuenta en que momento Google se apropió de nuestras vidas, quizás cuando decidieron que era mejor estar del lado de ciertos gobiernos que utilizaban a la empresa para espiar a sus ciudadanos, que fue lo que pasó en China con un grupo de disidentes. Cuando el Imperio se mueve, nos movemos con él; cuando la marea cambia, cambiamos nosotros. Siempre pendientes a su próximo movimiento cambiamos nuestras estrategias para que el motor de búsqueda "nos ame" y su bendito algoritmo pueda vernos de vez en cuando, para que sus crawlers saqueen todo lo que nos queda de dignidad y humanidad y lo lleve a su monstruosa base de datos. Se cree que la red de redes no la dirige nadie, que es mundo incompleto y caótico, nadie los sabe con certeza; lo cierto es que hay entidades que, escondidas nos observan, les gusta que le entreguemos información porque tener ésta, es tener el poder; las llaves para poder controlar y manipular. Tuvimos siempre un Gran Hermano, estaba ahí, no lo notábamos, era tan grande que lo sentíamos parte del paisaje. Libros como el de Alejandro Suarez nos permiten dimensionar un poco este paisaje y darle un nuevo contexto para entenderlo mejor; saber, por ejemplo, cuál es nuestro papel en este gigantesco negocio llamado Google y sus empresas asociadas nos permite, de momento, darnos cuenta de que no somos tan libres como nos habían hecho creer, como felizmente nos habíamos imaginado.


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