viernes, 13 de marzo de 2015

Ai Weiwei, disidencia y arte.



Por: Noé Vázquez



El documental Ai Weiwei. Never Sorry (2012) escrita y dirigida por Alyson Klayman muestra a un artista comprometido con ciertas causas a través de su arte, que gracias a la herramienta del Internet ha llegado a todos lados, las ideas en el arte y en la disidencia se parecen al contagio viral, se esparce sin control y es difícil de erradicar. El arte de Ai Weiwei ha sido considerado en Occidente como una voz transgresora, disidente y crítica hacia el gobierno chino quien en muchas ocasiones ha buscado la forma de limitar su libertad encarcelándolo, destruyendo su estudio, poniéndolo bajo vigilancia constante; también se le ha prohibido salir de China, debido a esto se ha aprovechado de tecnologías como las redes sociales o los blogs para difundir sus creencias o su arte. El artista no cesa de decir y expresar lo que piensa, su temeridad es legendaria, su espíritu crítico constantemente inspira a otros a hacer lo mismo. 

Ai Weiwei nació en 1957, es hijo del poeta Ai Ching quien era miembro del partido comunista y cuya lealtad fue cuestionada llevándolo a él y a toda su familia a un exilio interno. Desde su niñez, al artista le tocó ver los abusos del Partido Comunista Chino contra aquellos que no pensaban de acuerdo a la línea del partido como por ejemplo, las campañas de reeducación, los trabajos forzados, las palizas, y las humillaciones públicas. Se dice que su padre, en muchas ocasiones pensó en el suicidio luego de haber enfrentado este tipo de maltratos. Todo esto marcó profundamente la vida Ai Weiwei. Cuando el artista decide viajar a Estados Unidos se establece en Nueva York, no podía haber otro lugar mejor para ponerse en contacto con los movimientos avant garde. Estudia el minimalismo, el arte pop, y el arte conceptual. Particularmente las obras de Andy Warhol y Marcel Duchamp, quienes dejaron una profunda huella en su manera de plantear su arte. Pero ser un artista chino es distinto, ni Marcel Duchamp ni Andy Warhol tuvieron que enfrentar a un demonio con las dimensiones del gobierno chino quien parece no intimidarlo. Más bien, su condición de artista no asimilado parece ser la razón de ser y el combustible de su obra.

Ai Weiwei se ha destacado como arquitecto y escultor, su estilo ha tomado las enseñanzas del minimalismo y arte conceptual, así como del dadaísmo.  En su ready-made Forever bycicles (2003) retoma el icono urbano de las bicicletas, lo apropia para dar un sentido de inmovilidad al crear una estructura laberíntica en la que las partes de las bicicletas se amontonan unas sobre otras dando una impresión de claustrofobía, de inmovilidad y de angustia.

Como un artista pop ha buscado esquemas de apropiación de elementos ya existentes en la tradición para darles un tratamiento distinto como en caso de los vasos cerámicos a los que les imprimió el logo de la Coca-Cola. Las vasijas, al representar una tradición artesanal antiquísima representan para el artista un lienzo donde plasma el pulso de la sociedad contemporánea y postmoderna. Crea un lazo entre la tradición y el presente de una sociedad integrada en un mundo global.

Ha incursionado también en el arte del documental, por poner un ejemplo, su documental Fairytale o Cuento de hadas. La cinta es la filmación de un performance en donde su director conduce a unas mil personas de varias partes de China hacia la localidad alemana de Kassel, para que puedan entregarse al plácido oficio de no hacer nada o hacer lo que les venga en gana, vivir, en palabras de su creador, un verdadero cuento de hadas. El arte debe ser ruptura, en un ambiente sórdido en donde el ocio solo es para las clases altas, llevar a estas personas a una lugar sólo para que descansen y hagan lo que quieran es un elemento disruptivo de la realidad, genera una intermitencia no planeada en un mundo monótono, tedioso y de las condiciones laborales en China, donde las jornadas de trabajo alcanzan las dieciseis horas diaras. El arte de Ai Weiwei es social en el sentido de que, en la medida que refleja la verdad sin autocensura y sin cortapisas, revela las condiciones de una sociedad injusta y alienada por un gobierno insensible y autoritario, y además, por la avaricia sin fin del capital que impone siempre productividad y ganancias constantes. El arte debe construir la felicidad, y si no es así, por lo menos de ser el catalizador de la misma, ese es su profundo mensaje moral. 


Otro de sus documentales derivó de la investigación realizada por este artista luego del terremoto de Sichuan en el año 2008. Se decía que fueron las condiciones de los inmuebles donde estaban las escuelas lo que provocó tantas muertes en aquel terremoto. Estas construcciones eran llamadas construcciones tofu, por lo endeble de sus materiales y por los casos de corrupción en los que las autoridades se hicieron de la vista gorda en lo relacionado a las condiciones de seguridad de los mismos edificios. El gobierno chino, como era de esperar, minimizó los datos, maquilló las cifras y guardó un silencio incómodo sobre la situación. El gobierno ocultó los nombres de las víctimas. Ai Weiwei y otros tantos activistas que empezaron a colaborar con él, ante el silencio de la autoridad, se dieron a la tarea de recolectar los hombres de las víctimas y llegaron a reunir cerca de 5300 nombres, la cual fue publicada en su página web.

El mensaje de Ai Weiwei no es en ningún sentido arte purista, es político; se genera constantemente en las plataformas tecnológicas de las que se ha apropiado como un recurso artístico más. Sus constantes afirmaciones y statements lo han convertido en una presencia incómoda para el gobierno pero ha atraído la atención mediática dentro de la cual se siente protegido. Esto se demostró luego de las protestas por su encarcelamiento en el año 2011 cuando fue arrestado y su familia denunció su desaparición para después enfrentarse al anuncio de que el gobierno lo tenía recluido por "crímenes financieros". La reacción mediática no se hizo esperar, surgieron las protestas del lado occidental y ochenta y un días después sería liberado para conducirlo a arresto domiciliario. Se instalaron cámaras en su estudio y afuera de él; como represalia por esto, el artista instaló más cámaras, éstas conectadas a la web en un performance que el tituló El Pseudo Gran Hermano.




Una vida convertida en arte las veinticuatro horas equivale a vivir sin límites, sin pena, sin fronteras, sin miedo, sin inhibiciones, sin complejos, sin lástima por sí mismo, sin respeto por un gobierno represor y vigilante, sin culpas, sin lamentaciones, sin conformarse con nada, sin pelos en la lengua, sin pedir permiso, sin pedir disculpas, sin solicitar la anuencia de nadie, sin descanso; con la frente en alto, con la mirada despejada, con una imaginación que trastoca el orden impuesto sólo para reinventarlo.

Cuestión de perspectiva.

Argumentos viscelares. Argumentos irrefutables.

Iconoclasta, insumiso, innovador, negador de la tradición, invocador de ella, disidente sin fronteras, objeto de sí mismo, performer; Ai Weiwei lleva en sí una insatisfacción constante hacia un mundo que reprime constante y sistemáticamente y que parece alentar el tedio, la angustia y la infelicidad. Al negar la tradición nos dice que de nada vale que China sea una gran potencia económica capaz de fabricar miles de objetos que se venden en todo el mundo pero que es "incapaz de fabricar la felicidad de sus gobernados"


Ai Weiwei es el portavoz principal de un arte al servicio de la verdad, su visión es la de un arte que vuelva transparente ese biombo infernal formado por la simulación, el fingimiento, las mitologías de las ficciones públicas, y la opacidad y silencio de los Súper Estados represores; un arte que encuentre la belleza de lo cotidiano (como en el caso del pop art), que pueda apropiárselo para sumar sus códigos personales, que lo señale y lo nombre para verlo bajo una perspectiva distinta; un arte que pueda ser una vía de escape al silencio impuesto por las autoridades; un arte que pueda manifestar el descontento de una sociedad, sus tristezas, sus sinsabores; un arte que sirva para decir que estamos cansados de tener miedo, que ya no queremos pensar en el día en que las autoridades vengan por nosotros; una arte contra la hipocresía de los medios de comunicación en su país; un arte que pueda llamar a las cosas por su nombre; un arte que desnude la realidad, pero que también la invente para congraciarnos con ella; un arte que cumpla con su utilidad, la de ser un instrumento lúdico, pero que también sea un recurso de transformación moral en las personas; un arte que sea político, en el entendido de que la política nos hace ciudadanos, seres con cierto nivel de discusión, capaces de entablar un diálogo para mejorar una sociedad; un arte para la felicidad de quien lo ve, de quien habla de él, de quien lo nombra; un arte que ayude a construir naciones felices a través del cuestionamiento de los poderes públicos, a través de la búsqueda la de la verdad; un arte que que se enfrente a mitos, que confronte tradiciones, que destruya una visión acartonada de la historia, no para simplemente demoler, para construir en su destrucción; un arte que sea un puente entre la tradición histórica de un país y el mundo moderno, inserto en la globalización y la preponderancia de las tecnologías digitales, al fin y al cabo, medios, instrumentos y materiales nuevos de creación; una arte contra el silencio y el status quo.




Statement antipoliciaco. Ridiculización, crítica.

Weiwei se fotografía siempre como una manera de mantener el interés mundial en su persona. No lo veo como una forma de autocelebración egoísta o de envanecimiento sino como una manera de señalar la tremenda impostura que representa él dentro de una sociedad represora que busca acallarlo. Se dice también que corre peligro, el afirma que está aterrado y que este temor lo motiva a realizar lo que hace, un temor que nos vuelve temerarios: un arte que invoca la denuncia social, un arte preocupado por lo humano y por la felicidad. También son conocidos sus múltiples declaraciones en tweets, en blogs, en conferencias de prensa, en distintas entrevistas. Frases entre las que podemos rescatar: 

"No diría que me he vuelto radical. Nací radical".

"No quiero que la siguiente generación luche por lo mismo que yo".

"Todo es arte. Todo es política".
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