martes, 15 de octubre de 2013

Elogio del texto digital



Título: Elogio del texto digital
Autor: José Manuel Lucía
Colección: Señales 8
Editorial: Fórcola
Páginas: 148

Descargar en versión Mobipocket para Kindle. 

Por: Noé Vázquez

Concebido como una explicación de la evolución de las diversas tecnologías en el manejo y el uso de la información, Elogio del texto digital de José Manuel Lucía refiere y refleja como un hilo conductor las prospectivas y sueños de los utopistas, los futurologos, los soñadores. Vivir en un mundo digital ya supone vivir en ese mundo prefigurado por escritores como Isaac Asimov y Arthur C. Clark, pensándolo bien, hasta Jules Verne, nos prefugura, sus fantasías hablan de toda clase de interacciones sociales llevadas a cabo remotamente y por medios electrónicos; este futuro también fue soñado por utopistas como Vennevar Bush y Ted Nelson. Recordé esto cuando leía este libro, me acorde de maravillarme por la percepción del libro tradicional ya que pasé al formato digital, casi sin advertirlo, de manera automática; luego olvidé la sensación del libro físico, para después, maravillarme con lo antiguo: el milagro de un libro editado en 1907, por ejemplo, su trabajo tipográfico, el diseño del ex libris, el libro en sí, como objeto, como fetiche. El encuentro con el texto digital sencillamente me pareció un paso lógico y natural; el ejemplo que propone el autor en su libro lo ilustra muy bien: un monje copista confronta las dificultades de una nueva tecnología, el codex, lo nuevo siempre nos incita desconfianza y recelo, somos conservadores por naturaleza, tenemos miedo del cambio. ¿Cómo explicar a un monje copista que no conoce más que el uso el rollo, la practicidad que supone una serie de folios encuadernados? Como el monje acostumbra a no perder la continuidad, le costará un poco adaptarse al códice, al final lo hará. Cada paradigma supone un encontronazo con el status quo; poco a poco lo nuevo, si resulta eficaz y rentable, se abre paso; no es satisfactorio, será reemplazado.

Para el autor, el texto, cuya raíz latina es textus tiene relación con tejer, entrelazar, trenzar; texto y urdimbre van de la mano, nunca antes, en la historia de la palabra escrita, la palabra texto reveló mejor su raíz etimológica. Cada vez que pulsamos una palabra con vínculo en una superficie de un hipertexto estamos accediendo a un mundo de vasos comunicantes, a una serie de senderos de información. Quien mejor entendió esta idea de asociación de términos fueron los creadores del buscador Google cuando propusieron el algoritmo Page Rank. Supieron (o intuyeron) que la importancia de un texto (o una imagen) tenía relación con los senderos que se dirigen hacia él, como si se tratara de un hilo de Ariadna. La importancia del texto radica (entre otras cosas) en las miradas que apunten hacia el mismo. Dime cuantos senderos se dirigen hacia ti te diré que tan importante eres en el ciberespacio.

El libro de Manuel Lucía resulta también un viaje que parte de tiempos remotos cuando pasamos de la simple oralidad a la invención de la escritura, pasando por el rollo, el códice, la invención de la imprenta de tipos móviles, el incunable y ese espacio intermedio solo interrumpido por la llegada de los medios audiovisuales que empezaron a rivalizar (y a complementar) la palabra escrita. Los grandes cambios de nuestro siglo son un espejo de la personalidad de sus visionarios, de los soñadores, de los inconformes; no es de extrañar que varias portadas de la revista Time alberguen a visionarios de la informática que nos proponen nuevas formas de conocer el mundo, de interactuar con él, la importancia en la portada de la revista, para el autor, radica en que representa un síntoma de la forma en que ciertos innovadores han cambiado nuestro mundo: la Ciencia, la Tecnología, la Historia, la Política son influenciados por grandes personalidades. Hasta que un día de julio del 2006 sucedió que la personalidad del año en la revista Time sería cualquiera, cualquier hijo de vecino podía moldear el mundo que le rodeaba gracias a una revolución que cambio nuestra relación con el mundo, la manera de conocer personas, de expresarnos, de acceder a información, de compartir la misma, de valorarla, de manifestar nuestros gustos y pensamientos, todo gracias a la revolución de Internet. La "persona del año" fue You:
"Yes, you. You control the Information Age. Welcome to your world."

Para explicar un concepto como Internet y el acceso al libro digital Juan Manuel Lucía toma como una referencia constante un artículo que Vannevar Bush publicó en la revista Atlantic Monthly en julio de 1945, en dicho artículo se exponen determinadas líneas de trabajo que las tecnologías de la información han ido tomando. Bush propone un dispositivo llamado Memex, el cual define de la siguiente manera:

"Archivo privado mecanizado y biblioteca (...), un aparato en que una persona almacena todos los libros, archivos y comunicaciones; (...) puede consultarse con una gran velocidad y flexibilidad."

El aparato que concebía Bush pretendía trabajar justo como lo hace el pensamiento humano, no por medio de búsqueda de temas en un índice (tal y como los de Yahoo! pensaban que podía funcionar un navegador), sino por medio de la asociación de términos afines. Bush no construyó este dispositivo, solo lo diseñó y concibió pensando en la tecnología de la época, el microfilme. Si bien, Memex prefiguraba la invención de la computadora personal tal y como la conocemos ahora, fue en 1960 cuando Ted Nelson concibió Xanadú, tal vez inspirado en el palacio del emperador mongol Kublai Khan. Xanadú era una utopía fundada en la idea de que podía existir un documento global que él denominaba "docuverse"; sería un mar de documentos, todos entrelazados. El usuario accedería a diversos textos, los usaría para sí mismo y pagaría una cuota por derechos de autor. Xanadú se parece a la World Wide Web pero es menos caótica. Los dos proyectos indicados arriba existen de manera un tanto parcial en el ordenador personal (llámese teléfono, tableta electrónica, computadora de escritorio); y en la red de redes, creación de otro utopista e inconforme: Tim Berners-Lee cuando trabajaba para la CERN. Berners-Lee buscaba un soporte para la distribución de información en redes informáticas, llamaba a su proyecto "Preguntando de todo sobre todo" o ENQUIRE. Utilizando una computadora NeXTcube (ideada por otro revolucionario e inconforme, Steve Jobs) pudo crear la primera página, el primer navegador y el primer servidor web. Terminos como HTTP, HTML, XML, WWW, FTP, URL pasarían a formar parte de nuestra vocabulario cotidiano. En 1993 CERN declaró que la World Wide Web sería gratuita, la suerte estaba echada. Lo demás vino después, fue una revolución que nos sorprendió a todos (y nos sigue sorprendiendo).

La web tiene algo de sus padres fundadores, algo de Memex y Xanadú, pero no debemos olvidar que la web se parece más a un mar agitado, cuando accedemos a ella notamos que siempre se está moviendo, como el mundo virtual que imagina Phillip K. Dick en Neuromancer, la información viene y va, los servicios prestados a veces desaparecen, constantemente hay información nueva, hay avatares, versiones alternativas de nosotros (como en el mundo propuesto por Second Life); nuestro castigo sería no acceder nunca a la Matrix o ciberespacio de realidad virtual. La www funciona como una red neuronal que es una extensión de nuestra actividad mental,  ahí están nuestros sueños colectivos, nuestra inspiración, nuestro manera de ver el universo. Accedemos a este mundo virtual cada vez de maneras más naturales.

Internet, los buscadores, la web, el hipertexto, revelan una nueva manera de entender la información, esto implicaría la presencia de fenómenos más o menos recientes como la hipertextualidad (definida por Ramón Salaverria como una tendencia del texto presentado con una estructura discursiva en donde el documento enlaza distintas piezas textuales y audiovisuales); o bien, la interactividad, y la intertextualidad. Estos nuevos paradigmas, suponen, para el autor, cambiar totalmente nuestra manera de pensar; para los no nativos digitales (como el los llama) será más difícil acostumbrase al cambio. Le sucedió a las disqueras con la aparición de Napster. Sucede lo mismo con la aparición del e-book que está poniendo en jaque a las editoriales, a las librerías, incluso a los autores y lectores. Ya se habla de la bibliodiversidad, de la autogestión de obras. La irrupción de la piratería en el mundo del libro digital sólo es un síntoma de la falta de voluntad de muchas editoriales de decirle sí al cambio y de la falta de imaginación para concebir nuevos modelos de negocios en la industria del libro. Muchas librerías y editoriales se están adaptando al tener en su acervo libros digitales, normalmente en formato epub.

En esta revolución digital que está dictando la manera de trabajar de las editoriales y las costumbres de los lectores, Manuel Lucía destaca la importancia de Google, empresa que entró como un lobo en corral de ovejas en la Feria del Libro de Frankfurt del 2004, y anunció la entrada de Google Books y Google Print (después vendría Google Editions), esto provocó una conmoción en la industria del libro tal y como la conocemos, ahora serían ellos quienes buscarían fungir como intermediarios entre la masa de lectores y las editoriales, de éstas, las más importantes se sumaron a esta iniciativa, tal vez no tenían otra opción, la revolución de Internet estaba cambiando la forma de acceder a los libros, Google ofrecía una respuesta. En realidad Google venía trabajando en la digitalización de libros desde el 2002. El acervo de Google permite a los usuarios descargar millones de libros cuyos derechos de autor han expirado y son del dominio público, puede entregar unas páginas de muestra de alguna libro en particular, permitir la compra en línea, enlazar al usuario con la editorial para conseguir una versión en papel, provee gratuitamente el servicio de Play Books para Android que permite la lectura ya sea en línea o con archivos locales, siempre enlazando conceptos geográficos a su buscador de Google Maps y a sus servicios de traducción en línea. Leer un libro en Play Books utilizando una tableta electrónica cambia rotundamente la idea de la supuesta "soledad del lector" ¿Cómo podemos suponer que la lectura es un placer solitario e individual cuando el hipertexto de un e-book está enlazado a toda clase de servicios? Esto incluye aquellos que nos dicen qué están leyendo nuestros amigos, cuántas horas nos faltan para terminar nuestra lectura, o bien, la concepción del e-reader como un simple punto de venta de las editoriales. Los creadores de Google supieron desde un principio que, quien tiene las llaves de la biblioteca de Alejandria tiene las llaves del poder de la información, del intelecto y la comprensión del espíritu de los tiempos. Todo esto se traduce en dinero: ¿Cuánto vale para una editorial conocer el perfil de sus lectores, sus gustos, sus tendencias, las horas de lectura diarias? ¿Cuánto están dispuestas a pagar para que el servicio de Google los conecte con los usuarios del buscador más grande del mundo?

El libro de Manuel Lucía, no necesariamente es un elogio sino una manera de describir la necesidad de adaptarse a lo nuevo y a lo que está por venir, definiendo la nueva naturaleza del texto y el nuevo paradigma al que tenemos que enfrentarnos ya sea nativos digitales o no nativos. 
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