jueves, 31 de octubre de 2013

Multimillonarios por accidente

La Matrix de la vida real 

Título: Multimillonarios por accidente. El nacimiento de Facebook.
Autor: Ben Mezrich.
Editorial: Alienta.
Número de páginas: 300
Año de publicación: 2010


Por: Noé Vázquez

La historia novelada de la fundación de Facebook no tiene que inventarse nada para añadir dramatismo a una historia con gancho: los hechos están ahí, sólo hay que relatarlos de manera fidedigna y precisa, e indicar en la portada que es una historia de sexo, dinero, talento y traición, añadimos a la ecuación que se trata de la historia de Mark Zuckerberg y Facebook y los lectores correrán a las librerías. También es necesaria una aclaración que evite demandas millonarias que vengan de la parte afectada, en este caso, Zuckerberg, hay que aclarar que se trata de una "historia novelada" y que, a pesar de sus inexactitudes, en esencia es "real". Entonces el éxito está asegurado. Todo un drama shakesperiano sobre la pérdida de la inocencia y la crisis de la amistad detrás de una de las empresas más poderosas del mundo que revolucionó nuestra manera de concebir las relaciones sociales. Pero hay algo más, la importancia de Facebook en nuestro manera de interactuar con los demás hace que una lectura como está resulte interesante sin importar el ámbito en que nos desenvolvamos. Resulta difícil ignorar el hecho de que, a la fecha, Facebook registre más un 1,000 millones de usuarios y tenga una base de datos de cerca de 40 billones de fotografías. Facebook se apoderó de tal forma de nuestras vidas privadas que mucha gente no concibe la propia sin entrar por los menos un momento diariamente para revisar su entorno social en el marco virtual que Facebook propone. Ben Mezrich se dio a conocer por la novela Bringing down the house: the inside story of six MIT students who took Vegas for millions conocida también como 21 Blackjack. Las temáticas de Mezrich normalmente se relacionan con estudiantes destacados que logran triunfar haciendo uso de su talento ya sea matemático, informático o financiero. La historia de Facebook encajaba a la perfección con ese tipo de argumentos donde lo importante radica en hacerse millonario en el menor tiempo posible. 

La historia de Facebook está imbricada en un entorno dominado por la sed de pertenencia y ascenso social, por la frustración al no ser aceptado y por el miedo a ser considerado un ser marginal, así como por la competitividad para lograr un futuro más cómodo que asegure mejores puestos de trabajo y mejores ingresos; todo esto dentro de una sociedad muy competitiva y elitista, es el mundo de ensueño de los WASP, aquellos que detentarán el poder financiero desde las Universidades de la Ivy League y desde las distintas fraternidades. Los dos protagonistas de la historia Mark Zuckerberg y Eduardo Saverin son dos estudiantes de la Universidad de Harvard que se conocen y se vuelven amigos, Zuckerberg era un genio informático más o menos conocido por haber creado programas como CourseMatch y Synapse Media Player; Saverin por su parte, es un joven emigrado del Brasil hijo de un inversionista más o menos poderoso en su país; Saverin es famoso en el entorno estudiantil por unas inversiones a futuros que había realizado con su hermano. Saverin buscaba el ingreso a un club que le permitiera ir a fiestas y conocer chicas, así como para tener los contactos que le permitieran destacar en el futuro, el club Phoenix; para Saverin, Zuckerberg es un enigma, su carácter es retraído, habla con un lenguaje de programador tipo input y output, su lógica es aplastante; su forma de hablar, lacónica; algunos lo definen como un semi-autista, incapaz de empatía y simpatía; la capacidad de concentración de este personaje lo lleva a involucrarse con ese proyecto que a lo largo de la década fue creciendo más y más. La novela relata la forma en la que Zuckerberg y Saverin terminan por distanciarse una vez que los intereses del último son más variados: desea hacer una residencia en alguna empresa de finanzas, busca graduarse, tiene actividades con el Club Phoenix, y además, pretende dirigir financieramente Facebook desde Nueva York mientras que Zuckerberg ha entablado amistad con Sean Parker (quien se hiciera famoso por haber creado Napster y contribuido en el desplome de la industria discográfica) y también para ese momento ha logrado atraer inversiones de parte del dueño de PayPal Peter Thiel, todo esto desde California. 

Si las redes sociales tienen un pulso, Facebook lo registra. Aquello que empezó como un experimento escolar en los dormitorios de la Universidad de Harvard, se salió de control para convertirse en una experiencia cibernética viral y luego en un gigante corporativo que terminará por regir nuestro entorno; nuestras experiencias están ahí, a la vista del gigante quien nos mide, nos clasifica, nos procesa, nos analiza para después convertirnos en un target identificable para las compañías de publicidad. Entramos a la red porque pensamos que la red y Facebook están más allá de nosotros, que están allá afuera, cuando la realidad es que la red somos nosotros y que hablar de estar dentro o estar fuera ya ha dejado de tener sentido. Si nos preguntamos la razón por la que Facebook se hizo tan grande es por el hecho de que replica nuestras experiencias vitales cotidianas con la mayor realidad posible. Lo que vuelve tan adictivo a Facebook es que se convierte en un sucedáneo de nuestra sed social, de nuestro deseo, muchas veces frustrado, de ser parte de algo. Facebook vende la idea (muchas veces artificial) de que no estamos solos. Recuerdo una nota de José Steinsleger escrita en La Jornada en donde compara el mundo virtual creado por Facebook con la caverna platónica en la que estaríamos viendo imágenes a las que demandaríamos cualidades de realidad, se trata de simulación social en un mundo ilusorio, vidas controladas por programas de computadora, Steinsleger ilustra esto con el hecho de Facebook borró la página sueca de Wikileaks, eliminó el perfil de la televisión de los comunistas italianos, cerró el portal de Cubadebate y borró las cuentas de medio millón de usuarios que defendían la causa palestina. En el libro El deseñgaño de Internet de Evgeny Morozov se nos advierte (y esto viene como balde de agua fría) contra el optimismo generado por las plataformas para redes sociales como catalizadores de sucesos políticos como las revueltas en Irán y la "primavera árabe" indicando que estas plataformas también pueden ser un instrumento de dominación y de control, justo como en la cinta The Matrix.

Los creadores de Facebook pudieron intuir bien el modus operandi del ser humano como ser gregario. Zuckerberg y Saverin crearon Facebook porque pensaban que esto los haría conocidos: serían invitados a fiestas, conocerían chicas guapas, ganarían dinero y status social; Facebook sigue teniendo ese aire de aventura, de proyecto universitario y deseo de pertenencia que tuvo desde un principio. Lo dice el hecho de que el proyecto pocas veces fue descuidado, siempre se mantuvieron creando nuevas características y buscando crecer y expanderse tanto financieramente como en presencia en la red;  aún en los momentos más difíciles enfrentados por el sitio, siempre buscaron la forma de salir adelante para no perder usuarios. El mundo de Silicon Valley es implacable con lo nuevo que se abre paso entre los gigantes del silicio. Facebook tuvo que crecer como una necesidad en las empresas que saben que entre más grande seas, más difícil será que te golpeen. 

Cuando Stefan Zweig relataba en su libro Momentos estelares de la humanidad los instantes que marcaban un hito en la vida de las grandes personalidades el autor buscaba un momento crucial en el que el "aquí y el ahora" señalarían un hito o parteaguas que cambiaría la Historia, ya sea que se tratara del curso de alguna guerra, de la evolución de la ciencia y la tecnología, o bien, de la innovación artística. Entre los instantes que representan un punto de inflexión, de haber escrito esta historia,  Zweig pudo haber distinguido el momento en el que Zuckerberg cruza el Rubicón cuando, una noche del 2003, completamente ebrio y despechado decide, desde la laptop que tiene en su dormitorio entrar en el servidor de la Universidad para copiar el facebook o índice de fotografías de los alumnos para más tarde quitar las fotos de los varones y colgar las fotos de las chicas para que los demás pudieran puntuar el aspecto físico de cada una dentro de la página web creada ex profeso para tal fin. El programa mostraría dos fotos aleatoriamente, cada foto acumularía determinada cantidad de puntos y entraría en una especie de ranking o clasificación. Esa noche, Zuckerberg envío un correo masivo a varios destinatarios cuyos correos logró investigar, al enviarles el enlace de la página web había llegado al punto sin retorno, este hecho casi provoca su expulsión de la Universidad, así como las protestas por parte de grupos feministas locales que consideraban la página sexista y de mal gusto. A los hombres es encantó, recibió miles de visitas el tiempo que duró en la red, saturó completamente el ancho de banda de la Universidad y provocó un colapso en las comunicaciones. El escándalo de Facemash (que es el nombre de la página, actualmente reconstruida por algún fanático) atrajo la atención de los gemelos Winklevoss quienes proyectaban una red social llamada Harvard Connection. Los Winklevoss afirman que Zuckerberg los engañó y les robó ciertas ideas para luego crear The Facebook. La historia de Ben Mezrich explota la tensión entre los fundadores de Facebook y las demandas de los gemelos Winklevoss, lo que le otorga a la historia una aire de lucha de clases en donde parece que lleva las de ganar el chico desprotegido y de clase baja aunque talentoso, que es Zuckerberg, contra los dos elitistas y clasistas gemelos que quieren parte del éxito de aquel. La novela pretende ser la versión contada por Eduardo Saverin, quien contactó al escritor para informar la parte desconocida de la historia. Ben Mezrich afirma que Zuckerberg nunca quiso hablar con él para contar su lado de la historia. En alguna entrevista, el autor afirmó que Zuckeberg le tenía miedo y que, si algún día hablaba con algún escritor para contar su historia, lo haría con alguien a quien pudiera manipular. Esto dice mucho del carácter controlador de este personaje.

Tanto el libro de Mezrich como la película de David Fincher La red social destilan cafeína, su estilo es rápido, preciso y dinámico; si veo la cinta me vienen a la mente pasajes del libro, si leo el libro recuerdo escenas de la película. Es obvio que el libro permite una documentación más elaborada, ambas expresiones se complementan bien y no entran en conflicto. Ben Mezrich afirma que sus novelas son muy cinematográficas ya que son concebidas como thrillers. David Fincher supo entender esto y convirtió la adaptación de la novela en una obra memorable por su aire cool y por la dinámica de una narrativa frenética contada en frecuentes retrospectivas que pretenden explicar qué condujo a los personajes a referir su historia desde un bufete de abogados. 
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