jueves, 31 de octubre de 2013

Multimillonarios por accidente

La Matrix de la vida real 

Título: Multimillonarios por accidente. El nacimiento de Facebook.
Autor: Ben Mezrich.
Editorial: Alienta.
Número de páginas: 300
Año de publicación: 2010


Por: Noé Vázquez

La historia novelada de la fundación de Facebook no tiene que inventarse nada para añadir dramatismo a una historia con gancho: los hechos están ahí, sólo hay que relatarlos de manera fidedigna y precisa, e indicar en la portada que es una historia de sexo, dinero, talento y traición, añadimos a la ecuación que se trata de la historia de Mark Zuckerberg y Facebook y los lectores correrán a las librerías. También es necesaria una aclaración que evite demandas millonarias que vengan de la parte afectada, en este caso, Zuckerberg, hay que aclarar que se trata de una "historia novelada" y que, a pesar de sus inexactitudes, en esencia es "real". Entonces el éxito está asegurado. Todo un drama shakesperiano sobre la pérdida de la inocencia y la crisis de la amistad detrás de una de las empresas más poderosas del mundo que revolucionó nuestra manera de concebir las relaciones sociales. Pero hay algo más, la importancia de Facebook en nuestro manera de interactuar con los demás hace que una lectura como está resulte interesante sin importar el ámbito en que nos desenvolvamos. Resulta difícil ignorar el hecho de que, a la fecha, Facebook registre más un 1,000 millones de usuarios y tenga una base de datos de cerca de 40 billones de fotografías. Facebook se apoderó de tal forma de nuestras vidas privadas que mucha gente no concibe la propia sin entrar por los menos un momento diariamente para revisar su entorno social en el marco virtual que Facebook propone. Ben Mezrich se dio a conocer por la novela Bringing down the house: the inside story of six MIT students who took Vegas for millions conocida también como 21 Blackjack. Las temáticas de Mezrich normalmente se relacionan con estudiantes destacados que logran triunfar haciendo uso de su talento ya sea matemático, informático o financiero. La historia de Facebook encajaba a la perfección con ese tipo de argumentos donde lo importante radica en hacerse millonario en el menor tiempo posible. 

La historia de Facebook está imbricada en un entorno dominado por la sed de pertenencia y ascenso social, por la frustración al no ser aceptado y por el miedo a ser considerado un ser marginal, así como por la competitividad para lograr un futuro más cómodo que asegure mejores puestos de trabajo y mejores ingresos; todo esto dentro de una sociedad muy competitiva y elitista, es el mundo de ensueño de los WASP, aquellos que detentarán el poder financiero desde las Universidades de la Ivy League y desde las distintas fraternidades. Los dos protagonistas de la historia Mark Zuckerberg y Eduardo Saverin son dos estudiantes de la Universidad de Harvard que se conocen y se vuelven amigos, Zuckerberg era un genio informático más o menos conocido por haber creado programas como CourseMatch y Synapse Media Player; Saverin por su parte, es un joven emigrado del Brasil hijo de un inversionista más o menos poderoso en su país; Saverin es famoso en el entorno estudiantil por unas inversiones a futuros que había realizado con su hermano. Saverin buscaba el ingreso a un club que le permitiera ir a fiestas y conocer chicas, así como para tener los contactos que le permitieran destacar en el futuro, el club Phoenix; para Saverin, Zuckerberg es un enigma, su carácter es retraído, habla con un lenguaje de programador tipo input y output, su lógica es aplastante; su forma de hablar, lacónica; algunos lo definen como un semi-autista, incapaz de empatía y simpatía; la capacidad de concentración de este personaje lo lleva a involucrarse con ese proyecto que a lo largo de la década fue creciendo más y más. La novela relata la forma en la que Zuckerberg y Saverin terminan por distanciarse una vez que los intereses del último son más variados: desea hacer una residencia en alguna empresa de finanzas, busca graduarse, tiene actividades con el Club Phoenix, y además, pretende dirigir financieramente Facebook desde Nueva York mientras que Zuckerberg ha entablado amistad con Sean Parker (quien se hiciera famoso por haber creado Napster y contribuido en el desplome de la industria discográfica) y también para ese momento ha logrado atraer inversiones de parte del dueño de PayPal Peter Thiel, todo esto desde California. 

Si las redes sociales tienen un pulso, Facebook lo registra. Aquello que empezó como un experimento escolar en los dormitorios de la Universidad de Harvard, se salió de control para convertirse en una experiencia cibernética viral y luego en un gigante corporativo que terminará por regir nuestro entorno; nuestras experiencias están ahí, a la vista del gigante quien nos mide, nos clasifica, nos procesa, nos analiza para después convertirnos en un target identificable para las compañías de publicidad. Entramos a la red porque pensamos que la red y Facebook están más allá de nosotros, que están allá afuera, cuando la realidad es que la red somos nosotros y que hablar de estar dentro o estar fuera ya ha dejado de tener sentido. Si nos preguntamos la razón por la que Facebook se hizo tan grande es por el hecho de que replica nuestras experiencias vitales cotidianas con la mayor realidad posible. Lo que vuelve tan adictivo a Facebook es que se convierte en un sucedáneo de nuestra sed social, de nuestro deseo, muchas veces frustrado, de ser parte de algo. Facebook vende la idea (muchas veces artificial) de que no estamos solos. Recuerdo una nota de José Steinsleger escrita en La Jornada en donde compara el mundo virtual creado por Facebook con la caverna platónica en la que estaríamos viendo imágenes a las que demandaríamos cualidades de realidad, se trata de simulación social en un mundo ilusorio, vidas controladas por programas de computadora, Steinsleger ilustra esto con el hecho de Facebook borró la página sueca de Wikileaks, eliminó el perfil de la televisión de los comunistas italianos, cerró el portal de Cubadebate y borró las cuentas de medio millón de usuarios que defendían la causa palestina. En el libro El deseñgaño de Internet de Evgeny Morozov se nos advierte (y esto viene como balde de agua fría) contra el optimismo generado por las plataformas para redes sociales como catalizadores de sucesos políticos como las revueltas en Irán y la "primavera árabe" indicando que estas plataformas también pueden ser un instrumento de dominación y de control, justo como en la cinta The Matrix.

Los creadores de Facebook pudieron intuir bien el modus operandi del ser humano como ser gregario. Zuckerberg y Saverin crearon Facebook porque pensaban que esto los haría conocidos: serían invitados a fiestas, conocerían chicas guapas, ganarían dinero y status social; Facebook sigue teniendo ese aire de aventura, de proyecto universitario y deseo de pertenencia que tuvo desde un principio. Lo dice el hecho de que el proyecto pocas veces fue descuidado, siempre se mantuvieron creando nuevas características y buscando crecer y expanderse tanto financieramente como en presencia en la red;  aún en los momentos más difíciles enfrentados por el sitio, siempre buscaron la forma de salir adelante para no perder usuarios. El mundo de Silicon Valley es implacable con lo nuevo que se abre paso entre los gigantes del silicio. Facebook tuvo que crecer como una necesidad en las empresas que saben que entre más grande seas, más difícil será que te golpeen. 

Cuando Stefan Zweig relataba en su libro Momentos estelares de la humanidad los instantes que marcaban un hito en la vida de las grandes personalidades el autor buscaba un momento crucial en el que el "aquí y el ahora" señalarían un hito o parteaguas que cambiaría la Historia, ya sea que se tratara del curso de alguna guerra, de la evolución de la ciencia y la tecnología, o bien, de la innovación artística. Entre los instantes que representan un punto de inflexión, de haber escrito esta historia,  Zweig pudo haber distinguido el momento en el que Zuckerberg cruza el Rubicón cuando, una noche del 2003, completamente ebrio y despechado decide, desde la laptop que tiene en su dormitorio entrar en el servidor de la Universidad para copiar el facebook o índice de fotografías de los alumnos para más tarde quitar las fotos de los varones y colgar las fotos de las chicas para que los demás pudieran puntuar el aspecto físico de cada una dentro de la página web creada ex profeso para tal fin. El programa mostraría dos fotos aleatoriamente, cada foto acumularía determinada cantidad de puntos y entraría en una especie de ranking o clasificación. Esa noche, Zuckerberg envío un correo masivo a varios destinatarios cuyos correos logró investigar, al enviarles el enlace de la página web había llegado al punto sin retorno, este hecho casi provoca su expulsión de la Universidad, así como las protestas por parte de grupos feministas locales que consideraban la página sexista y de mal gusto. A los hombres es encantó, recibió miles de visitas el tiempo que duró en la red, saturó completamente el ancho de banda de la Universidad y provocó un colapso en las comunicaciones. El escándalo de Facemash (que es el nombre de la página, actualmente reconstruida por algún fanático) atrajo la atención de los gemelos Winklevoss quienes proyectaban una red social llamada Harvard Connection. Los Winklevoss afirman que Zuckerberg los engañó y les robó ciertas ideas para luego crear The Facebook. La historia de Ben Mezrich explota la tensión entre los fundadores de Facebook y las demandas de los gemelos Winklevoss, lo que le otorga a la historia una aire de lucha de clases en donde parece que lleva las de ganar el chico desprotegido y de clase baja aunque talentoso, que es Zuckerberg, contra los dos elitistas y clasistas gemelos que quieren parte del éxito de aquel. La novela pretende ser la versión contada por Eduardo Saverin, quien contactó al escritor para informar la parte desconocida de la historia. Ben Mezrich afirma que Zuckerberg nunca quiso hablar con él para contar su lado de la historia. En alguna entrevista, el autor afirmó que Zuckeberg le tenía miedo y que, si algún día hablaba con algún escritor para contar su historia, lo haría con alguien a quien pudiera manipular. Esto dice mucho del carácter controlador de este personaje.

Tanto el libro de Mezrich como la película de David Fincher La red social destilan cafeína, su estilo es rápido, preciso y dinámico; si veo la cinta me vienen a la mente pasajes del libro, si leo el libro recuerdo escenas de la película. Es obvio que el libro permite una documentación más elaborada, ambas expresiones se complementan bien y no entran en conflicto. Ben Mezrich afirma que sus novelas son muy cinematográficas ya que son concebidas como thrillers. David Fincher supo entender esto y convirtió la adaptación de la novela en una obra memorable por su aire cool y por la dinámica de una narrativa frenética contada en frecuentes retrospectivas que pretenden explicar qué condujo a los personajes a referir su historia desde un bufete de abogados. 

jueves, 24 de octubre de 2013

Por qué no soy musulmán



Ibn Warraq. Libro sacrílego. 

Título: Por qué no soy musulmán.
Autor: Ibn Warraq (pseudónimo)
Editorial: Ediciones del Bronce. Barcelona. 2003.
Páginas: 357
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Por: Noé Vázquez

Ibn Warraq nos habla con indignación, parece estar muy molesto, pero su visceralismo se apoya en argumentos válidos, los mismos textos del Islam, su mismo aparato ideológico y teológico, su legislación,  los hechos y abusos constantes de países en donde se ejerce esta religión. El mensaje de Por qué no soy musulmán se vuelve necesario para todos los tiempos, nunca está de más alertarnos sobre los peligros que implica el pensamiento fundamentalista y sus desmesuras. El autor, al tiempo que ataca por todos los costados al Islam, también pondera el pensamiento católico. Su línea de base no es una ideología en particular ni alguna tesis doctrinal; es el simple y llano sentido común y la lógica más simple: sabemos que para estos tiempos donde se ha desarrollado el humanismo científico, la promoción de los derechos humanos como la tolerancia,  la diversidad de género, la libertad de expresión y de culto, muchas ideas defendidas por el Islam entran en contraposición con ciertas tradiciones occidentales. Nos logra convencer que, en definitiva, Oriente y Occidente no hablan el mismo idioma.

Ibn Warraq hace un análisis un tanto pródigo de los autores que han publicado estudio críticos sobre la historicidad de El Corán y del profeta Mahoma y llega a la conclusión de que la mayoría de estos libros podrían ser considerados blasfemos, a pesar de que se venden en lugares donde abundan textos religiosos, acordes a la doctrina de los mullahs, al autor le parece sintomático que los mismas autoridades eclesiásticas no se tomen la molestia de analizar los textos de sus heterodoxos, como si solo tuvieran ojos para sus mismas doctrinas, el mismo espíritu destructor de bibliotecas los llevaría entonces a la ignorancia sobre sus enemigos ideológicos, los teólogos del Islam ignoran a sus propios detractores. La bibliografía en la que se apoya el autor comprende diversos estudios sobre la vida de Mahoma en los que se resalta el vínculo entre las enseñanzas del profeta y el marcado fanatismo de sus seguidores.

El autor dedica todo un capítulo al asunto Rushdie, se permite solidarizarse con este escritor pakistaní de nacionalidad inglesa. Desde un principio, la postura de Warraq es la de la defensa de la libertad de expresión dentro de las tradiciones de Occidente, ya que, ésta ha contribuido en el desarrollo científico y en el avance de las sociedades.

Contrario a lo que muchas veces creemos, para Ibn Warraq, la tendencia fundamentalista, violenta e intolerante en El Islam no es una vertiente arbitraria, desviada o pervertida de la religión oficial sino su expresión más fiel, aquella que más se adecua a las enseñanzas del Corán expresadas en las suras y a las tradiciones defendidas y promovidas por los mullahs, lo demuestra revelando el hecho de que por cada sura que defienda la conciliación y la tolerancia, siempre habrá muchas más que promuevan la beligerancia y el odio hacia los que piensan distinto a nosotros.

No nos pasa desapercibido el hecho de que el autor ataque a los humanistas al calificarlos de ingenuos al creer que pueden sentar a un cristiano y a un musulmán a dialogar; la misma tradición islámica les ha negado el aparato intelectual e ideológico para discutir con argumentos que vayan más allá de la tradición coránica. Por otra parte, no hemos visto ni en la doctrina ni en la teoría ni en la práctica que se haya revelado la intención del Islam de lograr acuerdos que no sean comerciales con el mundo occidental. Lo demuestra el hecho de que algunos países islámicos no aceptan la Declaración Universal de los Derechos Humanos de la ONU, así mismo, han proclamado una Declaración de los Derechos Humanos en El Islam criticada por muchas razones, entre las cuales cabe mencionar las restricciones a la libertad de culto individual, o bien, por promover y afirmar la superioridad de los varones. Para la sharia o "interpretación islámica" las mujeres son inferiores a los hombres, ellas no tienen medios legales de intervenir en la vida pública y en casos más extremos no se les permite educarse o trabajar. Volviendo a la Declaración de Derechos Humanos en El Islam, éste hace caso omiso de la tradición islámica de tener varias esposas, ni prohibe ni permite, sencillamente deja pasar. Resulta también revelador, que esta misma tendencia a no reconocer la Declaración de la ONU persista, aunque con otros argumentos, en la tradición fundamentalista cristiana, particularmente entre los católicos integristas, para ellos, los derechos individuales deben subordinarse hacia el colectivo de creyentes que viven su religiosidad, llevan su fanatismo al punto de creer en la "libertad de Dios" y los miembros de ultra derecha, muchas veces más papistas que el mismo Papa, imponen criterios reproductivos a las mujeres muchas veces sin considerar su posición social o económica. La forma del Islam de entender los derechos humanos consiste en mantener al individuo en una posición subordinada respecto al gobierno y la sociedad. Los integrismos parecen dejar a las personas que los defienden muchas veces a la deriva de la Historia, llámense cristianos o musulmanes. La imagen con la que nos quedamos es la de seres retrógradas y empecinados en posturas pre-científicas, mitológicas y casi supersticiosas.

El doble pensar del cristianismo y el islamismo radica en ver el desarrollo de la libertad individual como una consecuencia de su visión limitada al carácter divino de su práctica; siempre parecen decirnos: eres libre, sí, pero en los términos de mis enseñanzas y de mi visión del mundo, eres cautivo de la ley divina, y por lo tanto libre, preso de un esquema de pensamiento y al mismo tiempo capaz de realizarte como ser humano, una libertad en tus propios términos solo te aleja de nosotros, te vuelve infiel, blasfemo; solo reconozco la libertad de acuerdo a mi propia doctrina, lo otro, es libertinaje. Esta manera de pensar poco a poco pierde adeptos en el mundo occidental, se están quedando solos; mientras que en el mundo árabe, cada vez se vuelve parte de la corriente principal, es una postura que se está endureciendo. Islam significa "sumisión", no puede hablarse de libertades en una religión cuyo mismo nombre se contrapone a las iniciativas individuales más básicas como la libertad de creer en algo o simplemente no creer en nada. El doble pensar de estas dos grandes religiones se parece mucho a la ideas promovidas por los estados totalitarios: "La libertad es esclavitud", tal y como supo verlo George Orwell.

Simpatizo con Ibn Warraq porque me molesta la idea de que un hombre sea infalible (Ibn Warraq puede equivocarse pero no leo su libro como un texto divino y sagrado, lo hago con una visión crítica). No soporto la idea de que lo que diga el Papa dentro del catolicismo nunca se ponga en entredicho, lo mismo pasa con los ulemas musulmales y con los mulás. Contradecir estas venerables figuras de autoridad supone apartarse del ideal colectivo que tienen las grandes religiones monoteístas. La manera de defender sus postulados se parece mucho a las anteojeras ideológicas de los comunistas que desestimaban cualquier disidencia. El libro de Ibn Warraq nos pone en alerta contra los peligros del pensamiento integrista.

Richard Dawkings ha señalado en múltiples ocasiones la forma en la que se ha acallado el pensamiento crítico que muchas veces nos conduce al agnosticismo, es tal el odio teológico hacia la falta de creencias religiosas que la misma sociedad lo considera una especia de aberración, de delito incluso superior al asesinato. Luego del atentado contra las torres gemelas el debate en torno al Islam cobró una nueva fuerza, esto no quiere decir que este debate no existiera, de hecho, la misma historia de las religiones tiene una historia alterna que habla de sus críticos. En la tradición musulmana siempre ha habido un Ibn Warraq. Fueron sus heterodoxos y el alejamiento de las posturas oficialistas lo que permitió que prosperara la ciencia y la filosofía en el Al-Andalus, fue la impostura y la blasfemia lo que permitió que el Islam tuviera una élite de intelectuales y artistas, de científicos y matemáticos, de sabios como Averroes, Al-Juarismi, el matemático Maslama, pensadores como Ibn Hazm y un largo etcétera de científicos e intelectuales. El humanismo en el Islam parece no existir en la actualidad. Si se dan cuenta, la mayoría de las profesiones que eligen los estudiantes árabes tienen que ver con cuestiones de índole práctica como carreras relativas a la ingeniería, las finanzas o la administración. Las carreras humanistas son vistas con recelo. El pensamiento crítico se juzga como aberrante, algo que debe combatirse a través del dogma y, en el caso del cristianismo, con argucias teológicas disfrazadas de razonamientos. Busquemos, por ejemplo, una definición de cultura por parte de los integristas, se darán cuenta de que les es imposible definir la misma sin la participación de Dios (Nótese que con esto apartarían de la cultura a la mayoría de las civilizaciones politeístas que hablarían de dioses en plural). La definición de cultura por parte de los integristas es tramposa y tendenciosa porque incluye a Dios como una condición sine qua non. Fuera de esto no existe cultura, la masa de no creyentes , agnósticos, ateos, libre pensadores, heterodoxos, se pueden ir a freir espárragos en el desierto. Las grandes religiones monoteístas crean una especie de zona de confort amurallada donde les es imposible escuchar los argumentos de los demás más allá de la infalibilidad de sus líderes religiosos.

El libro se llama Por qué no soy musulmán pero esto no impide que podamos leerlo como si leyeramos el libro de Bertrand Rusell Por qué no soy cristiano. Estas dos grandes religiones monoteístas tienen cosas en común como el hecho de que se apoyan en el miedo, en un sistema de castigos y recompensas, en la intolerancia para los que no piensan como nosotros; ambas religiones, son, en mayor o menor grado machistas, y a lo largo de la historia han demostrado ser bastante violentas. El autor defiende el laicismo como una manera de conservar una sana convivencia entre personas de distinto credo religioso, además de blindarse contra la interferencia del Estado cuando trata de imponer un solo credo o religión. Si en su momento el laicismo permitió a los pueblos musulmanes ampliar sus horizontes intelectuales, el sentido común nos dice que llevemos nuestras creencias hacia el pensamiento crítico, la duda, la tolerancia hacia las demás religiones desde nuestra misma religión (aunque esto suponga apartarse del dogma), la disensión, el esquema ensayo-error (porque debemos darnos la oportunidad de equivocarnos varias veces y no vivir en esa zona de confort donde se nos vende la idea de algo es infalible e irrefutable), la defensa de los derechos humanos sin que importen los criterios injustos y chovinistas de algunas religiones; el pensamiento laicista debe permitir (y ya lo ha hecho) la expresión de las minorías. El mensaje del Islam no da lugar a dudas o ambigüedades, no se presta a interpretación, es bastante claro:

"Matad a los no creyentes dondequiera que los encontréis"
"Luchad por la gloria de Dios hasta aplastar toda oposición y que no haya más religión que la del Señor."
Ibn Warraq señala que, algo que han aprendido los judíos a lo largo de su historia es que si alguien proclama que va a matarte, lo mejor es que lo tomes en serio ya que lo más seguro es que termine por hacerlo. Para más amenazas y mensajes beligerantes contra los infieles, favor de consultar su texto sagrado.
 


martes, 15 de octubre de 2013

Elogio del texto digital



Título: Elogio del texto digital
Autor: José Manuel Lucía
Colección: Señales 8
Editorial: Fórcola
Páginas: 148

Descargar en versión Mobipocket para Kindle. 

Por: Noé Vázquez

Concebido como una explicación de la evolución de las diversas tecnologías en el manejo y el uso de la información, Elogio del texto digital de José Manuel Lucía refiere y refleja como un hilo conductor las prospectivas y sueños de los utopistas, los futurologos, los soñadores. Vivir en un mundo digital ya supone vivir en ese mundo prefigurado por escritores como Isaac Asimov y Arthur C. Clark, pensándolo bien, hasta Jules Verne, nos prefugura, sus fantasías hablan de toda clase de interacciones sociales llevadas a cabo remotamente y por medios electrónicos; este futuro también fue soñado por utopistas como Vennevar Bush y Ted Nelson. Recordé esto cuando leía este libro, me acorde de maravillarme por la percepción del libro tradicional ya que pasé al formato digital, casi sin advertirlo, de manera automática; luego olvidé la sensación del libro físico, para después, maravillarme con lo antiguo: el milagro de un libro editado en 1907, por ejemplo, su trabajo tipográfico, el diseño del ex libris, el libro en sí, como objeto, como fetiche. El encuentro con el texto digital sencillamente me pareció un paso lógico y natural; el ejemplo que propone el autor en su libro lo ilustra muy bien: un monje copista confronta las dificultades de una nueva tecnología, el codex, lo nuevo siempre nos incita desconfianza y recelo, somos conservadores por naturaleza, tenemos miedo del cambio. ¿Cómo explicar a un monje copista que no conoce más que el uso el rollo, la practicidad que supone una serie de folios encuadernados? Como el monje acostumbra a no perder la continuidad, le costará un poco adaptarse al códice, al final lo hará. Cada paradigma supone un encontronazo con el status quo; poco a poco lo nuevo, si resulta eficaz y rentable, se abre paso; no es satisfactorio, será reemplazado.

Para el autor, el texto, cuya raíz latina es textus tiene relación con tejer, entrelazar, trenzar; texto y urdimbre van de la mano, nunca antes, en la historia de la palabra escrita, la palabra texto reveló mejor su raíz etimológica. Cada vez que pulsamos una palabra con vínculo en una superficie de un hipertexto estamos accediendo a un mundo de vasos comunicantes, a una serie de senderos de información. Quien mejor entendió esta idea de asociación de términos fueron los creadores del buscador Google cuando propusieron el algoritmo Page Rank. Supieron (o intuyeron) que la importancia de un texto (o una imagen) tenía relación con los senderos que se dirigen hacia él, como si se tratara de un hilo de Ariadna. La importancia del texto radica (entre otras cosas) en las miradas que apunten hacia el mismo. Dime cuantos senderos se dirigen hacia ti te diré que tan importante eres en el ciberespacio.

El libro de Manuel Lucía resulta también un viaje que parte de tiempos remotos cuando pasamos de la simple oralidad a la invención de la escritura, pasando por el rollo, el códice, la invención de la imprenta de tipos móviles, el incunable y ese espacio intermedio solo interrumpido por la llegada de los medios audiovisuales que empezaron a rivalizar (y a complementar) la palabra escrita. Los grandes cambios de nuestro siglo son un espejo de la personalidad de sus visionarios, de los soñadores, de los inconformes; no es de extrañar que varias portadas de la revista Time alberguen a visionarios de la informática que nos proponen nuevas formas de conocer el mundo, de interactuar con él, la importancia en la portada de la revista, para el autor, radica en que representa un síntoma de la forma en que ciertos innovadores han cambiado nuestro mundo: la Ciencia, la Tecnología, la Historia, la Política son influenciados por grandes personalidades. Hasta que un día de julio del 2006 sucedió que la personalidad del año en la revista Time sería cualquiera, cualquier hijo de vecino podía moldear el mundo que le rodeaba gracias a una revolución que cambio nuestra relación con el mundo, la manera de conocer personas, de expresarnos, de acceder a información, de compartir la misma, de valorarla, de manifestar nuestros gustos y pensamientos, todo gracias a la revolución de Internet. La "persona del año" fue You:
"Yes, you. You control the Information Age. Welcome to your world."

Para explicar un concepto como Internet y el acceso al libro digital Juan Manuel Lucía toma como una referencia constante un artículo que Vannevar Bush publicó en la revista Atlantic Monthly en julio de 1945, en dicho artículo se exponen determinadas líneas de trabajo que las tecnologías de la información han ido tomando. Bush propone un dispositivo llamado Memex, el cual define de la siguiente manera:

"Archivo privado mecanizado y biblioteca (...), un aparato en que una persona almacena todos los libros, archivos y comunicaciones; (...) puede consultarse con una gran velocidad y flexibilidad."

El aparato que concebía Bush pretendía trabajar justo como lo hace el pensamiento humano, no por medio de búsqueda de temas en un índice (tal y como los de Yahoo! pensaban que podía funcionar un navegador), sino por medio de la asociación de términos afines. Bush no construyó este dispositivo, solo lo diseñó y concibió pensando en la tecnología de la época, el microfilme. Si bien, Memex prefiguraba la invención de la computadora personal tal y como la conocemos ahora, fue en 1960 cuando Ted Nelson concibió Xanadú, tal vez inspirado en el palacio del emperador mongol Kublai Khan. Xanadú era una utopía fundada en la idea de que podía existir un documento global que él denominaba "docuverse"; sería un mar de documentos, todos entrelazados. El usuario accedería a diversos textos, los usaría para sí mismo y pagaría una cuota por derechos de autor. Xanadú se parece a la World Wide Web pero es menos caótica. Los dos proyectos indicados arriba existen de manera un tanto parcial en el ordenador personal (llámese teléfono, tableta electrónica, computadora de escritorio); y en la red de redes, creación de otro utopista e inconforme: Tim Berners-Lee cuando trabajaba para la CERN. Berners-Lee buscaba un soporte para la distribución de información en redes informáticas, llamaba a su proyecto "Preguntando de todo sobre todo" o ENQUIRE. Utilizando una computadora NeXTcube (ideada por otro revolucionario e inconforme, Steve Jobs) pudo crear la primera página, el primer navegador y el primer servidor web. Terminos como HTTP, HTML, XML, WWW, FTP, URL pasarían a formar parte de nuestra vocabulario cotidiano. En 1993 CERN declaró que la World Wide Web sería gratuita, la suerte estaba echada. Lo demás vino después, fue una revolución que nos sorprendió a todos (y nos sigue sorprendiendo).

La web tiene algo de sus padres fundadores, algo de Memex y Xanadú, pero no debemos olvidar que la web se parece más a un mar agitado, cuando accedemos a ella notamos que siempre se está moviendo, como el mundo virtual que imagina Phillip K. Dick en Neuromancer, la información viene y va, los servicios prestados a veces desaparecen, constantemente hay información nueva, hay avatares, versiones alternativas de nosotros (como en el mundo propuesto por Second Life); nuestro castigo sería no acceder nunca a la Matrix o ciberespacio de realidad virtual. La www funciona como una red neuronal que es una extensión de nuestra actividad mental,  ahí están nuestros sueños colectivos, nuestra inspiración, nuestro manera de ver el universo. Accedemos a este mundo virtual cada vez de maneras más naturales.

Internet, los buscadores, la web, el hipertexto, revelan una nueva manera de entender la información, esto implicaría la presencia de fenómenos más o menos recientes como la hipertextualidad (definida por Ramón Salaverria como una tendencia del texto presentado con una estructura discursiva en donde el documento enlaza distintas piezas textuales y audiovisuales); o bien, la interactividad, y la intertextualidad. Estos nuevos paradigmas, suponen, para el autor, cambiar totalmente nuestra manera de pensar; para los no nativos digitales (como el los llama) será más difícil acostumbrase al cambio. Le sucedió a las disqueras con la aparición de Napster. Sucede lo mismo con la aparición del e-book que está poniendo en jaque a las editoriales, a las librerías, incluso a los autores y lectores. Ya se habla de la bibliodiversidad, de la autogestión de obras. La irrupción de la piratería en el mundo del libro digital sólo es un síntoma de la falta de voluntad de muchas editoriales de decirle sí al cambio y de la falta de imaginación para concebir nuevos modelos de negocios en la industria del libro. Muchas librerías y editoriales se están adaptando al tener en su acervo libros digitales, normalmente en formato epub.

En esta revolución digital que está dictando la manera de trabajar de las editoriales y las costumbres de los lectores, Manuel Lucía destaca la importancia de Google, empresa que entró como un lobo en corral de ovejas en la Feria del Libro de Frankfurt del 2004, y anunció la entrada de Google Books y Google Print (después vendría Google Editions), esto provocó una conmoción en la industria del libro tal y como la conocemos, ahora serían ellos quienes buscarían fungir como intermediarios entre la masa de lectores y las editoriales, de éstas, las más importantes se sumaron a esta iniciativa, tal vez no tenían otra opción, la revolución de Internet estaba cambiando la forma de acceder a los libros, Google ofrecía una respuesta. En realidad Google venía trabajando en la digitalización de libros desde el 2002. El acervo de Google permite a los usuarios descargar millones de libros cuyos derechos de autor han expirado y son del dominio público, puede entregar unas páginas de muestra de alguna libro en particular, permitir la compra en línea, enlazar al usuario con la editorial para conseguir una versión en papel, provee gratuitamente el servicio de Play Books para Android que permite la lectura ya sea en línea o con archivos locales, siempre enlazando conceptos geográficos a su buscador de Google Maps y a sus servicios de traducción en línea. Leer un libro en Play Books utilizando una tableta electrónica cambia rotundamente la idea de la supuesta "soledad del lector" ¿Cómo podemos suponer que la lectura es un placer solitario e individual cuando el hipertexto de un e-book está enlazado a toda clase de servicios? Esto incluye aquellos que nos dicen qué están leyendo nuestros amigos, cuántas horas nos faltan para terminar nuestra lectura, o bien, la concepción del e-reader como un simple punto de venta de las editoriales. Los creadores de Google supieron desde un principio que, quien tiene las llaves de la biblioteca de Alejandria tiene las llaves del poder de la información, del intelecto y la comprensión del espíritu de los tiempos. Todo esto se traduce en dinero: ¿Cuánto vale para una editorial conocer el perfil de sus lectores, sus gustos, sus tendencias, las horas de lectura diarias? ¿Cuánto están dispuestas a pagar para que el servicio de Google los conecte con los usuarios del buscador más grande del mundo?

El libro de Manuel Lucía, no necesariamente es un elogio sino una manera de describir la necesidad de adaptarse a lo nuevo y a lo que está por venir, definiendo la nueva naturaleza del texto y el nuevo paradigma al que tenemos que enfrentarnos ya sea nativos digitales o no nativos. 

lunes, 7 de octubre de 2013

Yo, Wozniak


Considerado como contraparte de Steve Jobs en la fundación de Apple Computer en la década de los setentas, Steve Wozniak es visto muchas veces como la figura gris y sin importancia detrás de Steve Jobs, quien con su líderazgo y carisma, muchas veces tomo el rol de gurú informático por antonomasia, del magnate, del dictador de los gustos y los rituales tecnológicos que definirían la primera mitad del siglo XXI. En esta dupla, fue Wozniak quien tuvo la formación como ingeniero, la creatividad para crear un producto y fue Jobs quien tuvo la idea de comercializarlo y crear una gran empresa, y también, la de concebir un producto icónico de calidad insuperable y altos estándares. Si ellos dos no se hubieran conocido, seguramente Jobs hubiera tenido éxito con el producto de alguien más y lo hubiera mejorado, y Wozniak hubiera compartido su producto con otro con la visión necesaria para crear una gran empresa con él. De esta dupla el inventor es Wozniak, el visionario es Jobs. No se puede entender el uno sin el otro. A diferencia de Jobs, Wozniak si tuvo entrenamiento para diseñar y programar, así como para soldar circuitos; Jobs se ocupaba de la conquista de mercados y de las generalidades del proyecto. Influenciados por la cultura tecnológica y hippie de la década de los sesentas, ambos soñaban con cambiar el mundo. 

El padre de Wozniak era ingeniero de la compañía Lockheed Martin, y fue él quien inculcó a Steve el gusto por la ciencia a través de explicaciones muy sencillas que despertaban su curiosidad, así, motivado por ese interés en la electrónica empezó a ganar concursos de ferias científicas a nivel escolar. Para Wozniak, el diseño de circuitos y la programación estaban relacionadas con la belleza, según él, el ingeniero en diseño de hardware tenía que vivir en una área de grises donde no todo era blanco o negro, donde había que considerar posibilidades que muchos suelen descartar; ahí era donde influía el talento de un ingeniero capaz de valorar qué era posible y qué era necesario desestimar. El modo de trabajar de Wozniak se aparta de las pautas empresariales para crear un producto; para él, una computadora debía ser concebida desde su diseño en papel hasta sus circuitos por una sola persona y no por un comité o una junta de ejecutivos. La arquitectura de los primeros productos de Apple así lo demuestra. En comparación con las máquinas que vinieron después, Apple I y II parece creaciones artesanales.

Steve Wozniak estudió en la Universidad de Colorado, tiempo después, junto con Bill Fernandez creó una de las primeras computadoras personales; Wozniak tenía un talento extraordinario para el diseño de circuitos, sabía encontrar la forma de conseguir más con menos, a pesar de que los componentes para el diseño y los chips resultaban caros. Tiempo después, Fernandez le presentó a Steve Jobs. Inmediatamente congeniaron, cada uno representaba lo que no podía ser el otro, si Jobs era extrovertido, Wozniak era callado e introvertido, pero con una gran creatividad. Steve Wozniak crea Apple 1, eso es innegable, nadie podría quitarle el mérito pero su invento se hubiera quedado en el garage si Steve Jobs no hubiera dicho "Vamos a venderla". Así surgió Apple Computer.

Wozniak, en la autobiografía que escribe a dos manos con Gina Smith, iWoz se describe a sí mismo como un hombre despreocupado, capaz de disfrutar de los pequeños placeres de la vida; se advierte que evade las complicaciones y los conflictos, sabe encauzar su creatividad a ciertos proyectos aunque estos no sean muy redituables. Escrito con un formato casi de libro de superación personal el autor no evade la auto crítica hacia ciertas decisiones muchas veces equivocadas que alguna vez tomó. En la narración de su vida antes, durante y después de Apple, advertimos la presencia y el carácter de un hombre bonachón, desinteresado por el dinero, humorista, con gusto para las bromas. A diferencia de Jobs, quien insistía en tomar siempre el rol del líder, Wozniak buscaba para sí los puestos que demandaran menos responsabilidad y también, la posibilidad de tener tiempo libre para su familia. Wozniak no se ve a sí mismo como un empresario, confiesa que, de no haber conocido a Steve Jobs, tal vez se hubiera quedado a trabajar en Hewlett Packard, empresa a la que consideraba el mejor sitio que podía encontrar un ingeniero para poder realizarse. Tal vez en la azarosa y accidentada vida de Apple Computer fue Steve Wozniak quien más se divirtió.

Tanto Jobs como Wozniak viven su infancia en un entorno de clase media habitante de los suburbios; es el entorno de una élite de ingenieros que trabajan en empresas como Hewlett Packard, IBM, Xerox. Es el centro de una revolución tecnológica que tiene representantes en ciudades como Palo Alto, Mountain View, Cupertino, San José, Menlo Park. Este era un verdadero caldo de cultivo para la innovación, sólo en una atmósfera como esta es posible entender la revolución tecnológica que marcaría nuestras vidas en el futuro y que definiría la manera en que nos comunicamos y nos relacionamos con el mundo. La autobiografía de Steve Wozniak nos habla de estos años y de su obsesión por las computadoras, las cuales diseñaba en papel desde la edad de doce años. 

Para los ingenieros y aficionados a la electrónica que acudían al Homebrew Computer Club de la Universidad de Berkeley, la idea de trabajar con una computadora personal no tenía nada que ver con una utilidad práctica o un aprovechamiento comercial, los influía el espíritu del hacker, la idea un tanto romántica de que la información y los bienes tecnológicos debían tener un acceso generalizado y un uso democrático, sin monopolios, sin pago de derechos; ésta filosofía también tendría exponentes tan notorios como Abbie Hoffmann, Richard Stallman, Linus Torsvan, Julian Assange. La cultura del hacker también estaba relacionada con el estilo de vida hippie de los años sesentas, época en la que muchos personas con formación técnica encontrarían la independencia necesaria para no negociar tanto con sistema de empresa y al mismo tiempo tener une estilo de vida relacionado con la programación de computadoras. Las primeras empresas de computadoras creadas por ex-hippies eran el equivalente tecnológico de las comunas donde se aplicaba la agricultura orgánica. El nombre Apple Computer, lo ilustra muy bien. ¿Por qué fusionar un producto agrícola con un bien tecnológico? Pensándolo bien, ambos conceptos tienen que ir de la mano. Steve Jobs solía visitar comunas y comulgar con ciertas creencias en donde el vegetarianismo, las preocupaciones ecologistas, el uso de drogas recreativas y la búsqueda de una religiosidad alternativa eran parte de una subcultura que incluía también el desarrollo de nuevas tecnologías.  Lo ilustra también el ejemplo del creador de Lotus 1,2,3, quien nombró su software a partir de sus experiencias religiosas en La India. A los entusiastas del Homebrew no los movía el interés comercial, de libre empresa, más bien el deseo lúdico de experimentar con circuitos, conocer lo que estaban haciendo los demás y proponer soluciones a ciertos problemas planteados con el proyecto en el que estaban trabajando. Cada uno de los miembros tenía la obligación ética de compartir la información. Los logros en la computación personal surgen dentro de un espíritu de colaboración que haría que muchos asiduos de este club en el futuro fundaran sus propias empresas de computación aunque no con tanto éxito. La idea de los asistentes del Homebrew era la de disfrutar y compartir, democratizar el conocimiento y la información; la idea de construir una computadora personal viene con la necesidad de liberarse, de hacer las cosas de manera distinta a como lo planteaban las grandes corporaciones como IBM y Hewlett-Packard. Las reuniones del Homebrew giraban en torno a la Altair 8800. A ese mismo club llegó alguna vez Bill Gates y Paul Allen quienes habían desarrollado un lenguaje para Altair; las críticas de Gates a los entusiastas del Homebrew no se hicieron esperar, en una carta les reprochó el uso no lucrativo que hacían con el lenguaje de programación instándolos a que pagaran derechos y regalías. También, a este club se presentó alguna vez Steve Jobs y Steve Wozniak para presentar la Apple 1. 

Por aquella época, los dos Steves conocieron a John Draper, el legendario Capitan Crunch, luego de que Wozniak leyera un artículo muy revelador en la revista Esquire, en donde se describía el modus operandi de toda una cadena de hackers que realizaban phreaking telefónico, así como los medios utilizados por estos. Lo que vio en dicho artículo motivo a Wozniak a entrevistarse con John Draper. A partir de ahí, Wozniak desarrollaría su propia versión de la blue box,  o caja azul, la cual permitía hacer llamadas gratis a cualquier parte del mundo, la cual a la postre venderían en los dormitorios de los estudiantes. Podría decirse que el primer producto de Steve Jobs fue un artilugio ilegal que buscaba defraudar a las grandes compañías telefónicas como AT&T y Bell Telephone. La ética del hacker los hacía cruzar muchas veces una delgada línea entre lo legal y lo ilegal, el propósito de muchos de estos hackers no era enriquecerse o fundar empresas sino demostrarse a sí mismos que hacer phreaking era posible, la satisfacción de romper un sistema y luego alardear sobre sus logros; los impulsaba un espíritu aventurero, de conquista de nuevas fronteras, como el que motivó a los colonizadores del salvaje Oeste.

Fueron auténticos cowboys, piratas, colonizadores, los que, en un futuro y ya habiendo creado Apple, entrarían en las instalaciones de Xerox para piratear la Alto Computer. Este episodio debería de estar escrito con letras de bronce en la historia de la piratería. "Los mediocres copian, los genios roban", como nos aclaraba Pablo Picasso. Steves Jobs había convencido (no sabemos cómo) a Xerox de una participación en Apple a cambio de tener acceso a los laboratorios de Xerox PARC para enterarse de los proyectos en los que estaban trabajando. Entre estos proyectos estaba la primera computadora con ratón e interfaz gráfica, así como pantalla con fondo blanco. No era necesario ser un genio para saber que lo que proponía representaba el futuro de la computación personal. En un atisbo furtivo a la Alto, lo que los ingenieros de Apple vieron (o creyeron ver) lo aplicarían más tarde en proyectos como Lisa y Macintosh, pero se le debe a Steve Wozniak el que la empresa hubiera creado las bases financieras para futuros proyectos luego del diseño, creación y programación de la primera computadora personal totalmente funcional: la Apple II caracterizada por su practicidad y velocidad combinado con la inclusión de un floppy de 5 pulgadas y la hoja de cálculo VisiCalc. Todo esto provocó que ésta fuera la primera computadora personal en vender un millón de unidades. El resto es historia. 

Así, la computadora personal que empezó sus días como una afición hecha para geeks que seguían la revista Popular Electronics y adquirian el kit para su armado, se convirtió en un parte de un estilo de vida, una pauta cultural, en una herramienta de desarrollo tan necesaria que muchas veces no podemos entender nuestras vidas sin este componente tecnológico. La falta de visión de empresas tan grandes como Xerox e IBM no supo intuir algo que flotaba en el ambiente: la preocupación de una nueva generación de ingenieros que pensaban que el uso de las computadoras no debía limitarse a una élite dentro de una poderosa corporación, sino en parte de la vida del hombre común. De ser un fin en sí misma a un objeto que también es un medio, la computadora personal no ha perdido su capacidad de asombrarnos y de ser un referente de nuestra cultura. 

La caja azul. Llamadas gratis para siempre

jueves, 3 de octubre de 2013

Los creadores



Daniel J. Boorstin. Los creadores
744 páginas
Editorial Crítica.


Descargar libro digital en Mobipocket para aplicación Kindle.





Por: Noé Vázquez




Me gustan los libros que se distienden de manera lineal y abarcan muchos espacios. Como una carretera larga en el desierto. Libros que invitan al road movie. Y tanto mejor si son atrayentes y cautivadores de tal forma que sus lectores los vean como mujeres fatales. Libros que son viajes que no cansan, que no repostan en ningún lado. Libros así crean entre nosotros y el mundo un campo espacio-temporal, una curvatura de la realidad. Pienso en esto mientras hago fila en ese banco que está cerca de mi trabajo. Nunca imaginé, ni siquiera en mis sueños más desaforados que los libros dejarían de abrirse en alguna página para simplemente, "encenderse". ¿Qué enciendo? ¿La creación, la imaginación, el intelecto? Luego de entrar al formato digital uno se pregunta si los androides sueñan también con libros electrónicos. 

La espera en la fila del banco me exaspera, hay tanta gente y un hombre sin atributos igual que yo que está en la ventanilla parece alentar sus movimientos mientras que el reloj analógico de la pared parece desplazarse en sentido contrario. Hay que hacer algo. El cajero parece multiplicar perversamente sus procesos para abarcar más del poco tiempo que siento que pierdo constantemente, el tictac que cuento para escaparme de la realidad a algún café cercano. Los usuarios desesperados protestan sin hablar, protestan esa lentitud hacia adentro de sí mismos, lo sé por sus miradas. Es el momento de curvar la realidad, de encontrar un atajo, abriré un libro y combaré el espacio. Veamos, pienso que Los creadores de Daniel J. Boorstin es suficientemente largo, tiene setecientas páginas, así que empiezo a leer con la esperanza de que mi felicidad sea tan breve que acorte los tiempos; leo unas cuantas páginas y en un santiamén estoy en la ventanilla. ¿Qué ha pasado? No cabe duda que la felicidad nunca dura en casa del pobre. Ahora tendré que preocuparme por depósitos y cobros de cheques. Contradicciones de la relatividad temporal: ahora no sé si quiero ser atendido en la ventanilla o quiero continuar en la ensoñación feliz de mi lectura. Al final creo que me quedo a medias, con un poco de ambos o con casi nada. Prefiero meditar sobre este libro.

Pensar en crear y después, hacer la tarea de reinventar el mundo. Pensar en un mundo posible y después imaginarlo. La primera obra de creación consiste en elevar las expectativas sobre la ya hecho para concebir alguna innovación. Las primeras obras de creación consistían en invocar lo ya visto, aquello que el día agonizante nos había negado volver a ver, representar es una manera de querer volver a ver algo, o ya en miras de tener una obra, regocijarse con su contemplación. Crear es imaginar la realidad tal y como nos gustaría que fuera. La obra del historiador Daniel J. Boorstin es una síntesis de las obras que han marcado paradigmas en la creación. La historia de la creación supone dificultades como la de capturarla en un espacio escrito que redunde en síntesis y no nos olvidemos de que siempre hay omisiones, espacios en blanco que el viento redujo a cenizas en el aire y que sólo los eruditos de las universidades podrían estudiar; el lector de divulgación procede a abrir voluminoso libro esperando no encontrar jamás una omisión, un nombre que quisieramos que estuviese.

 La Historia es una gran discriminadora, procede por eliminación, por desdén, por olvido; pero nos deja con lo más señero: la invención de la escritura, las matemáticas, las pirámides, los desafíos arquitectónicos en la Antigua Roma, las invenciones, la innovaciones, los nuevos materiales, los creadores, los locos, los ingenios, las problemáticas a resolver, los dilettanti, los grandes fracasos, los maestros de la pintura renacentista, la revelación del genio. El arte surge cuando necesitamos representar lo unitario de la experiencia humana, las pasiones, la comunión con alguna divinidad; la creación también es el cerco material y físico que le ponemos a la muerte, la trampa que le imponemos al olvido que se vuelve inevitable, insoportable; la creación es una manera de recordar lo que fuimos, de no dejarlo ir porque en su momento nos enriqueció con la manifestación de una verdad que en su momento fue importante, nos engrandeció mirarla. Daniel J. Boorstin se ocupa de generalizar las concepciones artísticas a lo largo de los siglos, pero también de incluir el asombro que deben provocarnos las personalidades, las individualidades de los creadores además de su anecdotario. No hay nada en Boorstin que alguien más no hubiera dicho ya pero sabe invocar el azoro de quienes somos neófitos en alguna disciplina porque nuestras vidas son breves y para lo único que sirven es para darnos la condición de simples aficionados. La esforzada trilogía de Boorstin que comprende también Los pensadores y Los descubridores es la vasta empresa de un bibliotecario que debería leerse como libro de texto obligatorio, como si tal cosas existiera. ¿Es obligatoria que la felicidad que un libro nos otorga?

La creaciones reflejan los modos de ser de las sociedades, su relación con la realidad y su crítica ante ella. La creación humana es el síntoma de una energía vital que aprendemos a encauzar en busca de la belleza que redunde en felicidad, en disfrute cotidiano. La Hagia Sofía fue una manera de celebrar la grandeza del espíritu humano y su relación con Dios. Las grandes obras literarias fueron una manera de encauzar ciertas preocupaciones haciendo partícipes a los demás, por eso Boorstin nos recuerda la importancia de escritores como Shakespeare, Cervantes, Chaucer, Balzac, Dickens, que renovaron la forma en la apreciamos nuestra relación con el mundo. La creación puede ser controversia, es poner enfrente algo que antes no estaba y someternos al estupor, a la maravilla de una contemplación; la creación nos desplaza de lo cotidiano, fuera de nuestras actitudes mezquinas, miserables y anodinas; mueve y conmueve, y nos hace entrar en el dinamismo de la obra, desde diversas actitudes, y también, desde diversas concepciones estéticas y morales. Pienso, por ejemplo, en La pequeña bailarina de catorce años (1881) que Degas presentó alguna vez y que motivó el escándalo, las diatribas encendidas; la obra parecía una escultura primitiva, se le consideraba fea como una momia detrás de un cristal. Con el paso del tiempo la hemos comprendido mejor, tal vez de la forma en que Degas lo hubiera deseado. Si antes nos desplazaba a una zona de inquietud y morbo ahora nos provoca tranquilidad, nos mueve a una zona de profunda empatía y felicidad.  

Como me gusta seguir combando y alabeando los espacios, pienso seguir llevando a todas partes esos triángulos de la Bermudas portátiles que son los libros. Y ustedes ¿no han notado últimamente una distensión relativa del espacio?
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