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El Blog de Noé Vázquez

miércoles, 16 de mayo de 2012

Historia de España contada para escépticos

Por Noé Vázquez

Juan Eslava Galán compendia en una serie de frases sabrosas, lapidarias, ingeniosas y muchas veces folklóricas el añejo y añoso asunto de la historia española, tema que nunca estará de más estudiar y reflexionar sin olvidar que todo libro de historia es una suma de anécdotas, recreaciones, nombres propios, fechas necesarias de conocer, semblanzas y generaciones, ideas influyentes en el devenir, inventos...Este es un libro de historia que quisiera ser leído de un sentón (como algunos cuentistas pretenden que sean leídos sus libros) pero que definitivamente no puede ya su número de páginas no lo permite. No es un libro de pies de páginas con sesudos comentarios que se subrayan con marcador para impresionar a los maestros en la clase por la profusidad de la referencia. En este sentido, el libro de Juan Eslava no es para ser tocado por manos académicas de la Sorbona o de la Complutense sino para aquel lector con un mínimo de interés para saber como diablos le hizo España para ser lo que es ahora: lo positivo, lo negativo, lo vergonzoso, lo grande y lo pequeño. Juan Eslava se da el gusto de llamar a las cosas por su nombre, sin rodeos, sopesando lo bueno y lo malo de cada gobernante en turno. El autor se remonta a la prehistoria de la que era llamada por los romanos "tierra de conejos" para explorar el crisol de pueblos que engendraron el ser nacional. Esta historia que más bien tiene rasgos de tragicomedia se puede leer con el ánimo indignado y las uñas por delante de quien piense que los españoles han desperdiciado tiempo y recursos y que podrían ser una nación más grande de lo que es, o bien, con el ánimo festivo de quien celebra el espíritu dicharachero y dispendioso del adjetivo ágil y bien lanzado para esbozar una sonrisa cómplice con el autor, una sonrisa franca pero nunca cínica (que para cínicos ya tenemos varios, empezando con los políticos). A lo largo de nuestra vida somos testigos de ciertos procesos en el estudio de nuestra historia, en el caso de México (y no es la excepción) se nos da la historia contada por la facción vencedora que sepulta unos nombres, ensalza otros y olvida la mayoría, denosta aquellos que no comulgan con el establishment, descalifica a un grupo, encumbra a otro de tal forma que la historia nunca la estudiamos completa, conocermos una versión de ella, la ideal, la que nos conviene, la políticamente correcta; es necesario salir de los recintos universitarios para empezar a desaprender una parte de nuestra formación y adquirir otra.
Compendiar una historia así en un solo tomo requiere cierta capacidad de síntesis que permite meter un universo de pasiones y motivaciones en unas cuantas palabras, es por eso que libros como éstos nunca están de más y nunca estorban en el librero. Pienso, como mexicano, que la historiografía oficial y los programas de estudio nos escamotean muchos de los eventos que han formado la identidad hispánica del mexicano. La cultura oficial no se atreve ni a reivindicar nuestra herencia indígena ni a reconocer nuestra herencia española y árabe. Puede decirse que el Estado nos ha inculcado una especie de esquizofrenia (entendida como una tendencia social que escinde, que rompe en dos nuestra identidad sin atreverse a negar o afirmar ninguna de las dos).
Libros como el de Juan Eslava contribuyen a curar distintos vicios del estudio que se nos presentan en nuestra formación elemental: la idealización de los héroes nacionales, los malos entendidos históricos, la creación dirigida de reputaciones, la administración de las verdades públicas y oficiales, el maniqueísmo con que se presenta la lucha de distintas facciones armadas, la mistificación de ciertos eventos nacionales, la falta de objetividad o el desapasionamiento tramposo y distante disfrazado de objetividad. Todo estudio histórico no está exento del estilo del escritor, del tamiz de su personalidad, sus motivaciones, creencias y apegos sociales y políticos (nunca debemos olvidar que quienes escriben son seres humanos y quienes leen, definitivamente, no son caballos); eso no puede negarse. La Historia la forma el estudio de los hechos, su significación, lo que sucedió en el contexto de lo que pudo haber sucedido, la virtualidad de la interpretación, el "hubiera" que da tantos y tantos quebraderos de cabeza, la interpretación de los evento; es el lector quien, de propia cuenta y riesgo (y desoyendo los consejos de los especialistas, académicos, voces autorizadas) se atreve en su arbitrariedad a formarse una opinión. Los hechos forman una unidad, la interpretación puede ser variada pero todo esto debe contribuir a un mejor discernimiento del presente, un mejor análisis del devenir con la mirada puesta a un futuro soñado y anhelado, un futuro que constantemente nos llama.

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